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Lunes , 22.04.2019 / 09:11 Hoy

Otro camino

Volver a empezar

Joel Ortega Juárez

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El paro en los CCH puede ser el nuevo principio de una lucha por los derechos laborales de los académicos de la UNAM, postergada casi 40 años.

Varios miles de docentes de la Universidad Nacional Autónoma de México tienen una situación precaria laboralmente.

Poco más de 80 por ciento de los profesores es de asignatura, es decir, dan algunas horas de alguna asignatura o de varias. Hay quienes dan 4 horas por semana en un mes, muchos dan 10, 12, 20, 30 o hasta 40 horas semanales. Sus ingresos oscilan entre mil 400 pesos y 16 mil o 20 mil al mes. El promedio está en 14 mil. Estos profesores atienden a la inmensa mayoría de los más de 300 mil estudiantes.

Casi 84 u 86 por ciento de los profesores es contratado por un semestre. Los directores pueden renovar su contrato o no. Esos 27 o 30 mil profesores están en manos de los burócratas, quienes pueden suspender su contratación sin ninguna justificación.

En contraste con esa inmensa mayoría de profesores de asignatura y contratada por semestre, existe una élite de 13 a 15 por ciento con tiempo completo y definitividad, es decir, están contratados de por vida, prácticamente.

Los ingresos de esta élite pueden alcanzar hasta 180 mil pesos, si tienen una antigüedad de 30 años o más, y además estímulos llamados PRIDE y son miembros del Sistema Nacional de Investigadores. Existe un centenar de Profesores o Investigadores Eméritos nombrados por el Consejo Universitario, órgano controlado por el rector correspondiente.

Entre los profesores e investigadores de tiempo completo la edad promedio es de 60 años.

El perverso modelo de ingresos, establece un salario tabular para profesores e investigadores que inician su carrera académica con unos 15 mil pesos que se incrementa con 2.5 por ciento anual a partir de cinco años de antigüedad, de tal manera que un profesor o investigador con 30 años de antigüedad tiene como ingreso tabular unos 40 o 50 mil pesos, es con base a ese ingreso que se establecen los aguinaldos, primas vacacionales y, lo más importante, las jubilaciones. En pocas palabras un profesor o investigador con antigüedad suficiente para jubilarse no lo hace porque lo haría con la mitad o la tercera parte de sus ingresos, el resultado es ominoso: profesores o investigadores con 70 y hasta más de 80 años no se jubilan y se han convertido en una lápida para los jóvenes.

Muchos egresados de la UNAM con posgrados de maestría y doctorado no tienen posibilidad de convertirse en docentes o investigadores, porque hace más de 40 años no se han creado nuevas plazas y las existentes las ocupan los ancianos, que como no quieren ver reducidos sus ingresos a la mitad o la tercera parte, simplemente permanecen ahí hasta su muerte.

Es un modelo laboral peor que el neoliberal.

La incipiente movilización de maestros del CCH, por cierto apoyados por estudiantes, puede ser una ruta para reanudar la lucha del SPAUNAM de hace 44 años, que perdimos en el recuento de 1980 con las AAPAUNAM, creadas por Soberón y Javier Jiménez Espriú.

Nunca es tarde, la lucha laboral de los académicos puede combinarse con un nuevo comienzo de luchas por la Reforma Universitaria en unidad con los estudiantes. Hay que volver a empezar.

joelortegajuarez@gmail.com

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