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Sábado , 20.04.2019 / 19:44 Hoy

Otro camino

No fui amigo de Colosio

Joel Ortega Juárez

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Entre los rituales de lo políticamente correcto está haber sido amigo de Luis Donaldo Colosio, asesinado hace 25 años.

Siempre consideré su candidatura como una más de las designaciones presidenciales, producto de la presidencia imperial, dominante desde la época de Plutarco Elías Calles, incluida la candidatura de Álvaro Obregón, también asesinado y cuya muerte se atribuyó en los rumores al Jefe Máximo, mediante la famosa expresión “'¿Quién mató a Obregón?', a lo que se respondía 'Cállese'”.

Ante el caso Colosio, después de tantos años sigue especulándose quién o quiénes ordenaron su muerte.

Miguel Eduardo Valle, El Búho, en su libro El segundo disparo: la narcodemocracia mexicana, publicado en 1995, afirma que en Lomas Taurinas –un mitin “de policías y guardaespaldas”– hubo dos disparos, no necesariamente hechos por el asesino solitario Mario Aburto. Aunque se pregunta: "¿se puede probar que Salinas encabezó el crimen político cuya víctima fue Luis Donaldo Colosio?" ...y responde: “ Sí se puede probar”; sin embargo, deja abierta otras posibilidades.

Gustavo Hirales en su libro El complot de Aburto, de 1995, más bien apoya la tesis del asesino solitario.

Ahora el ex secretario particular de Colosio y hoy jefe de Seguridad Nacional. Alfonso Durazo, dice que no acepta la tesis oficial, sin decirnos por qué no lo dijo antes.

En cualquier caso, lo fundamental es lo planteado por Valle: La niebla que oscurece la “verdad histórica” en relación con Lomas Taurinas es el mayor ejemplo (sic) de la incapacidad del actual sistema político para fundar un auténtico estado de derecho.

Lejos de llegar a eso, da la impresión de que para el gobierno actual es preferible convertirse “en un amigo más de Colosio”, con el que se reunió el presidente Andrés Manuel López Obrador dos días antes de su muerte, que llegar a establecer con toda objetividad la verdadera naturaleza del asesinato de Colosio.

Con Colosio tuve una clara distancia política y me opuse a su candidatura priista. Ahora muchos que lo consideraron “títere de Carlos Salinas” se han vuelto viudos de Colosio.

En el caso Colosio, como ante la matanza del 2 de octubre y los crímenes políticos recientes, incluyendo el de Samir Flores, opositor a la planta termoeléctrica en Huexca, Morelos, no se vale rendir “homenajes” retóricos a las víctimas, dejando en la impunidad a los autores de los crímenes.

Haber tenido una relación con Colosio, amistosa, de cortesía política o de naturaleza profesional, no da ninguna patente de corso para evadir responsabilidades de Estado, aunque sean de índole histórico dado el tiempo transcurrido y el cambio de posturas políticas habidas en ese trayecto.

No sirve mucho, tampoco, que tras su asesinato todos nos volvamos colosistas y sus apologetas.

Colosio fue un candidato del PRI trágicamente eliminado. Sancionar a sus asesinos “intelectuales”, hayan sido poderosos jefes del Estado o de algún aparato criminal, es una asignatura pendiente, que no se resuelve venerándolo como “mártir de la democracia”.

Si al final del día, como dicen los televisos amigos del Presidente, en la tarde todos los gatos son pardos y hasta Mussolini es mencionado porque su padre lo bautizó Benito en homenaje a Juárez, estamos fregados.


joelortegajuarez@gmail.com

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