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Martes , 23.04.2019 / 20:53 Hoy

Otro camino

Libertad sindical, ¿sueño posible?

Joel Ortega Juárez

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La paradoja de las paradojas: la presión del gobierno de Trump y del primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, así como la de la Presidenta de la Cámara Baja de Estados Unidos, la demócrata Nancy Pelosi, consiguieron que el 11 de abril de 2019 la Cámara de Diputados aprobase por 417 votos, 29 abstenciones y un voto en contra, la reforma laboral por la que debieron luchar los sindicatos mexicanos.

Obviamente no se iban a “autosuicidar”, como decía López Portillo. El charrismo sindical ha basado su control de los trabajadores en una legislación que le ha garantizado el monopolio sindical. Tampoco lo plantearon los diversos movimientos críticos, porque en muchos casos consideraban “logros del movimiento obrero, la titularidad única de los contratos colectivos” por medio del sindicalismo único en cada empresa, rama de industria o dependencia del aparato público e incluso de las Universidades y, por supuesto, del sindicato de la educación.

El “modelo sindical” corporativo, monopólico, antidemocrático, sustento central del control de los trabajadores por el PRI durante casi un siglo, ha sido un perverso mecanismo contrario a los trabajadores. Mediante ese mecanismo se produjo un retraso salarial insólito: México padece los más bajos salarios de la región desde el Río Bravo hasta la Patagonia. Esa es la verdadera causa profunda de la inmensa desigualdad y la pobreza de la mayoría de la población. Un sindicalismo al servicio de los patrones y el Estado sometió a los trabajadores y los hizo quedar inermes, sin casi ninguna capacidad de realizar huelgas locales, de rama o mucho menos nacionales para reivindicar salarios dignos y condiciones laborales capaces de competir con los mercados internacionales.

Precisamente ese inmenso rezago ante los salarios de los trabajadores de los Estados Unidos y Canadá era insoportable para los empresarios y gobiernos de esos países. Para la aplicación del T-MEC exigieron cambiar la legislación laboral. Es muy lamentable que ese sea el factor que pudo impulsar la reforma laboral aprobada por la Cámara de Diputados.

Algunos rasgos de esa reforma pueden ser el inicio de un cambio muy importante en el mundo del trabajo. Habrá que ver cómo se dará en la vida real la “libertad de afiliación sindical” y con ello construir un mecanismo para que sean los trabajadores los que detenten los Contratos Colectivos hasta hoy en manos de los burócratas sindicales, conocidos como charros, convertidos en “redentores” millonarios al servicio de los patrones y los gobiernos.

Esperemos que se ponga fin a cualquier modalidad de las llamadas “cláusulas de exclusividad en la contratación y separación” que anularon el principio básico del capitalismo: la libertad de los trabajadores de concurrir al mercado para vender su fuerza de trabajo.

También habrá que ver cómo se rompe con el otorgamiento de las “cuotas sindicales” a los charros, fuente de corrupción y de verdadera esclavitud de los trabajadores.

Otros elementos de la legislación que fomentó el charrismo, como el “registro y toma de nota”, las “huelgas declaradas inexistentes” , deben suprimirse sin ambigüedades.

Sin menospreciar lo avanzado de la reforma laboral, es el turno para forjar un movimiento autónomo de los trabajadores.

joelortegajuarez@gmail.com

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