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Viernes , 26.04.2019 / 07:08 Hoy

Otro camino

De López 1958 a López 2019

Joel Ortega Juárez

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La madrugada del 3 de marzo de 1958, creí que sería el día más frío de mi vida, en la cola frente a la rectoría de la UNAM, acompañado de mis padres esperaba turno para mi inscripción en la Prepa Dos.

Casi niño, en el viejo barrio universitario, en el edificio de Licenciado Verdad y Guatemala viví con La Flota, los días de la juventud rebelde sin causa. Presley, Ricardito, Bill Halley junto a otros del rock de cover mexicano, Los rebeldes del Rock, Los Teen Tops, Los Black Jeans, Los Crazy Boys, Los Hermanos Carrión y hasta la novia de México, Angélica María, me acompañaron en las aventuras de entonces.

Rápidamente vino el relevo de los movimientos sociales. Estuve una noche en la estación de Buenavista despidiendo a la delegación del MRM, los maestros otonistas que viajaban a un congreso a Monterrey, en los ferrocarriles conducidos por los vallejistas.

Entre agosto y septiembre del 58, todavía con el viejito Ruíz Cortínez me subí a los camiones tomados por los estudiantes, como presión para impedir el aumento de tarifas, fue el llamado movimiento camionero.

El tapado, que fumaba elegantes, Adolfo López Mateos se proclamaba de izquierda dentro de la Constitución, al mismo tiempo que reprimía a ferrocarrileros y maestros, además de que ocurrió durante su gobierno el asesinato de Rubén Jaramillo, su esposa embarazada y sus hijos, crimen que las izquierdas atribuyeron siempre al presidente viajero y viejero.

Viví las represiones a maestros en las calles de Argentina, con jeeps y camiones del Ejército listos para desalojar a los estudiantes normalistas que ocupaban el edificio de la SEP, sí, el de los murales de Diego.

Desde entonces no me checaba que ese gobierno fuese revolucionario, aunque tuviera muy buenas relaciones con la Cuba de Fidel y sus barbudos.

Entendía más el coro aquel, entonado en las manifestaciones “Cómo quieres tú Mateos, que no surja otra revolución, si encarcelas a Vallejo y persigues a Othón”.

Vino Díaz Ordaz, el presidente campesino que realizó los mayores repartos agrarios y orgullosamente realizó la matanza de Tlatelolco, un episodio de la larga década de 1956 a 1972, cuando el Estado mexicano cometió el delito de genocidio, práctica sistemática para ”suprimir al movimiento estudiantil”.

Sesenta años después, otro López condena a los conservadores, ultras, provocadores, por oponerse a la Termoeléctrica en Huexca, Morelos, y a diez días de éstas ominosas palabras presidenciales, asesinan en las puertas de su casa al joven Samir Flores, sobrino de Vinh Flores campesino comunista también asesinado.

Además este Presidente, promotor de la Cuarta Transformación ha conseguido la aprobación unánime de la creación de la Guardia Nacional, para cumplir tareas de seguridad pública durante cinco años, con la participación de las fuerzas armadas. También ha rechazado realizar una reforma fiscal que grave los capitales y se ha comprometido a no “romper el equilibrio financiero”. Todo a nombre del combate al “neoliberalismo”, verdadero causante de la corrupción y hasta de los “divorcios”.

Otro presidente, “víctima de los emisarios del pasado”, realizó una matanza el 10 de junio de 1971 y nos gritó: “Jóvenes del coro fácil, manipulados por la CIA”.

La mula no era arisca…


joelortegajuarez@gmail.com

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