Hasta hace 10 minutos el máster Porfirio Muñoz Ledo, ave de laberintos y tempestades, una de las mentes más brillantes del México contemporáneo, era uno de los blancos favoritos de las hordas de bots que no lo bajaban de viejito decrépito, chapulín y oportunista sin conocer la naturaleza de su historia ni el contexto de sus decisiones. Ahora, luego de hacer señalamientos críticos contra los acuerdos con Estados Unidos, su pelea con Dolores Padierna y la filípica que le aplicó a Marcelo Ebrard porque, según sus deducciones, usurpa funciones de la Secretaría de Gobernación en materias migratorias, se ha convertido en el héroe de esta película de derechairos, papá.
Es interesante que la banda antipeje aplauda desaforadamente a Muñoz Ledo no por representar un ejercicio de pensamiento independiente que habría sido imposible en otros tiempos, sino simplemente por “pegarle a la 4T”, sin debate de por medio.
O sea, imaginen que había dicho que lo males de la humanidad, comenzando por el pecado original era culpa de Andrej Manué, que les llevó la manzana podrida, y que en sus ratos libres sale a secuestrar y a extorsionar. No se claven. Ya se parecen al ChikiliQuadri.
Como quiera que sea, no se podía esperar menos del hombre que fue el primero en interpelar a un presidente, el que rompió con el PRI cuando aquello era un sueño imposible de soñar, el que vislumbró la reforma del Estado.
Mi único reclamo a Porfirio, y se lo he dicho en persona, es que no haya escrito sus memorias desde la picaresca, como bon vivant, como rey del barrio.
Edith
A veces basta con ver a la gente pocas veces en la vida para sentir que tienes con esa persona una conexión especial. Eso me pasó con la querida Edith González, con quien tenía una relación a través de redes sociales. Festejaba mis comentarios, nos reímos mucho, intercambiábamos likes y nos burlábamos de todos. Solo la entrevisté una vez para mi programa Política cero, en MILENIO, y fueron los 25 minutos más encantadores posibles. Se sintió tan a gusto que permitió que Constanza, su pequeña niña que estaba inquieta al otro lado de las cámaras, saliera a cuadro por primera vez. Era una mujer sensible, inteligente y divertida. Por eso cuando le detectaron el cáncer enfrentó la adversidad con valentía y con una sonrisa dibujada en el rostro.
El mejor de los viajes, aventurera.
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