Lo ocurrido con el exministro de Obras de los Kitchner en Argentina es una gran lección de vida para el sistema político mexicano. Es realmente vergonzoso que este personaje, que responde al nombre infausto de José López (pero no Portillo, aunque con algo de sus mañas), haya sido atrapado justo en la movida cuando pretendía enterrar millones de dólares producto de ciertos negocios turbios armados al amparo del poder, como en los viejos tiempos de Long John Silver, cuando se buscaban islas desiertas para ocultar tesoros imposibles y mal habidos de las inspecciones de la justicia, las auditorías y la transparencia ciudadana.
Esas cosas vergonzosas no deberían pasar en nuestro país, donde de manera tradicional los políticos y funcionarios jamás han caído en tales descréditos pues, además de que siempre se las gastan en emocionantes vidas de pachá, suelen ser muy buenos para la lavandería y la contaduría creativa. Jamás los verás enterrando billetes como cualquier aprendiz de pirata del Caribe, desperdiciando así la oportunidad de aportarlos como tributo a las sociedades de consumo, sobre todo en materia de símbolos de status.
Antes muertos que sencillos.
Desde ahí hay que entender la reticencia de priistas y verdes en la incorporación de la propuesta 3 de 3 a esa quimera llamada Sistema Nacional de Anticorrupción, que no es otra cosa que una necedad que, en un país como el nuestro, que no hay dos en la vida, es absolutamente innecesario, porque si algo nos sobra aquí es gente proba.
Digamos, con qué animo un hombre del sistema podría comenzar a construir su patrimonio cuajado de casitas blancas, si todo el tiempo va a estar bajo la presión de los cuentaschiles y los adictos a la austeridad republicana, condenado a hacer pública su relación patrimonial y asegurando, año con año, que su labor como Godínez de altos ingresos no está sujeta a la ambición de ser como los gemelos Duarte o a chuntarizar su existencia como el Profe Moreira, sometida a ese otro gran mito genial que son los conflictos de interés.
¿Y todo para qué? Para que en el muy remoto caso de que un funcionario sea atrapado con las manos en la masa (o como dice Sepp Blatter, calentando las “bolitas” en los sorteos de la FIFA), el pobre sea tratado peor que maestro de la CNTE, perseguido por el Nuño Artillero que, según se escuchan los rumores, podría ser fichado por el gobierno francés para desactivar las luchas sociales y proletarias que se han desatado desde que el gobierno del presidente Hollande le copió sus reformas estructurales al licenciado Peña.
O peor aún, sometido a un interrogatorio inhumano para que el malogrado funcionario comience a empantanarse peor que el Bronco, que no puede ser más rústico y sin cepillar.
No nos arrepintamos después de lo que pudo haber sido y no fue, y quedemos después llorando quimeras.
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