En cuanto se supieron los resultados de las elecciones en Colombia tuve la extraña sensación de que había chanchullos. Cuando lo primero que hizo el candidato de la ultraderecha (tanto así que hace ver a Uribe —el Caldedrunk colombiano— como alguien zurdo y patriota) fue pedirle chichi a los gringos para que le arreglaran el problemita, pues se ve medio gacho.
Sobre todo cuando aparecieron de pronto 850 votantes que ni estaban presupuestados y se notaba a leguas una cierta manipulación de los algoritmos para beneficio del ultraderechista facho, Abelardo de la Espriella, una especie de cruza entre Tumel Chorres y el #SacoDePus.
Independientemente de que cuesta trabajo creer que los colombianos quieran convertirse en argentinos como los que votaron por Milei, y que son capaces de darle su sufragio a Abelardo que es fan de Bukele con quien guarda profundas y muy torcidas afinidades.
Por eso, cuando se dieron a conocer los resultados electorales yo inmediatamente pensé que en el INE local estaban chambeando mi Tatanka Lorenzo Córdova, que no te haga bobo en Edmundo Jacobo y Murallamas a mí.
Por supuesto se entiende que haya gente que efectivamente, deveras deveritas, tiene apego por este señor que les promete cosas peores que Milei y Donald Trump. Supongo que hay personas a las que les gustan los políticos que los van a llevar al infierno donde degustarán carne de burro.
A lo mejor los colombianos tuvieron pesadillas con Mao y con Stalin patrocinadas con la propaganda gringa, pero no es como para escupir al cielo y darle el voto de confianza a un personaje en cuyas campañas se agitan las banderas de Stanyahu, las del Tercer Reich, las VOX y hasta las del América y del KuKluxPAN.
Eso ya de por sí debería prender las luces rojas, pero cuando escuchas a Abelardo decir que el pobre es pobre porque quiere, que los impuestos son un robo como dice el tío pinchi, y que echándole ganitas como aspiracionista puedes convertirte en un millonario instantáneo, no es ahí. Tanta xochilización y chumelización no son buenas para la salud.
Por alguna extraña razón hay colombianos que le rinden culto al tecno feudalismo para acabar como los votantes del presiduende Milei, convertidos en sobrinos del tío Tom, condenados a la pizca de algodón. Como quiera que sea, ya viene la segunda vuelta electoral en Colombia, esperemos que quepa la cordura, el sentido común, la auto compasión y que a la hora de votar se alejen del esclavismo facho que se cierne sobre ellos.