• Regístrate
Estás leyendo: Sergio Ramírez, entre el Cervantes y la “fábrica de espejismos”
Comparte esta noticia
Martes , 19.03.2019 / 14:02 Hoy

Daños colaterales

Sergio Ramírez, entre el Cervantes y la “fábrica de espejismos”

Irene Selser

Publicidad
Publicidad

Poco antes de que el escritor y periodista Sergio Ramírez obtuviera en días pasados el muy merecido Premio Cervantes de literatura, salió a la luz bajo el sello Planeta el libro El estallido del populismo, donde el también ex vicepresidente de Nicaragua, hoy de 72 años, analiza junto a otros 15 autores, liberales y conservadores, los riesgos que acarrea el populismo desde Donald Trump y Marine Le Pen hasta el izquierdista Podemos de España o los gobiernos inspirados en el chavismo.

El volumen incluye un prólogo de Mario Vargas LLosa y fue coordinado por su hijo Álvaro. Entre las firmas destacan el historiador mexicano Enrique Krauze, además de los cubanos Carlos A. Montaner y Yoani Sánchez y el también novelista chileno Roberto Ampuer.

En el caso de Ramírez —sobre cuyo galardón el gobierno de Daniel Ortega ha guardado un desventurado silencio ya que el premio, más allá de las divergencias políticas, honra también a Nicaragua—, su ensayo “Una fábrica de espejismos” aborda la intención de perpetuidad con que el ex guerrillero sandinista Daniel Ortega, también de 72 años, ha asumido su estancia en el poder, superando la longevidad en el mando a anteriores caudillos o dictadores locales: José Santos Zelaya, caudillo militar de la revolución liberal de 1893, que permaneció 16 años al frente del país; Anastasio Somoza García, fundador de la dinastía, con un récord de 16 años, y sus hijos Luis, con seis, y Anastasio Somoza Debayle, con 12, derrocado en 1979 por la revolución sandinista.

En su ensayo, Sergio Ramírez —quien en 1995 rompió con el FSLN para crear el Movimiento Renovador Sandinista, fiel a las enseñanzas del prócer Augusto C. Sandino— fustiga la política de “promesas incumplidas” de Ortega (una de las característica de los regímenes populistas que “prometen milagros”, como dice el filósofo francés Bernard- Henry Lévy también citado por Ramírez), en especial un supuesto Gran Canal que partiría en dos al país y que ha sido parte de una larga lista de “proyectos fantasiosos” que desde 2007, con su retorno a la presidencia, Ortega “nunca cumple”. Su objetivo: “alentar las esperanzas de la gente que divisa una puerta mágica para salir de la miseria y el atraso. Fabricar un espejismo es hacerse con un arma política”.

Puntual e implacable en su crítica a la nueva “dinastía” de Ortega, apuntalada por su par venezolano, el ya desaparecido Hugo Chávez, Ramírez denuncia las “farsas electorales” —avaladas de paso por la OEA del uruguayo Luis Almagro—, mientras Ortega se presenta como “el gobernante eterno inconmovible que solo depende de la voluntad de Dios, a quien invoca en sus discursos, un converso piadoso acogido a la fe católica”, si bien en su administración conviven de forma promiscua “el esoterismo y cánones marxistas, junto a ecos fantasmales de lo que fue la revolución sandinista, despojada de sus ideales.”

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.