Ciudad de México /
Según la Real Academia Española, la palabra asesino/a proviene del árabe ḥaššāšīn, que originariamente significa según la estructura de la palabra "adictos al cáñamo indio" o hashis. A partir de ahí, la RAE habilita tres acepciones para el uso del término: "1. Matar a alguien con premeditación, alevosía, etc. 2. Causar viva aflicción o grandes disgustos, y 3. Dicho de una persona en quien se confía: Engañar en un asunto grave."
A su vez, la RAE estipula que el pronombre indefinido "alguien" designa "persona o personas existentes"; mientras que el pronombre relativo "quien" se emplea "siempre referido a personas o a entes personificados, nunca a cosas". Y aunque un animal como el león Cecil no es una cosa, tampoco es evidentemente un "ente personificado".
Pero entonces, ¿qué nombre tiene el crimen o la suma de crímenes que de manera sistemática viene cometiendo el cazador serial Walter Palmer, acaudalado dentista de Minnesota, padre de dos hijos, que según la prensa internacional llevaría gastado al menos 200 mil euros para poder matar con flechas –su cazadora esposa sí usa rifles– a emblemáticos animales como el mismo león Cecil, de 13 años, convertido hoy en un símbolo contra la caza indiscriminada?
En su edición del 2 de agosto, el diario español El Mundo ofrece una desoladora galería de fotos sobre algunos de los más bellos exponentes animales ultimados por este depredador serial cincuentón, que si se pudiera utilizar el término de ASESINO, encajaría a la perfección en dos de los cinco tipo de asesino, también según la RAE: "1. Asesino en serie: actúa en forma metódica siguiendo unos patrones". 2. Asesino predador o Asesino a sangre fría: el más peligroso. Suele tener una 'doble vida': por el día vive normalmente [por ejemplo, puede ser dentista en Minnesota], y por la noche actúa sin remordimientos. Puede matar a muchos."
También, si bien no es un "asesino a sueldo o sicario", la tercera opción, sí promueve el sicariato, ya que "paga para matar". Además de los 45 mil euros que habría desembolsado para acabar de manera ventajosa el pasado 1 de julio con la vida de Cecil –sacado con engaño, utilizando un animal muerto como cebo, de una zona protegida del parque Hwange, en Zimbabue–, el dentista –demandado también por acoso sexual en varias ocasiones ante la Junta de Odontología de Minnesota, según El Mundo–, pagó otros 20 mil euros por matar a un imponente leopardo; 25 mil euros por exterminar a un magnífico búfalo; 20 mil euros por un rinoceronte blanco; y otro tanto por un alce considerado uno de los especímenes "más imponentes jamás cazados".
En total, casi medio centenar de los grandes animales de África y también de Europa, donde ultimó a gamos, cabras montesas, jabalíes y muflones siguiendo una vocación que muerte que inició a los cinco años.
Según el Safari Club International (SCI), esta bestia norteamericana y su no menos bestial esposa acumulan en su millonaria mansión de Minnesota 43 piezas de alto nivel, incluyendo cabezas y pieles ya que, como ocurrió con Cecil, que fue hallado muerto tras una dolorosa agonía de 40 horas tras ser alcanzado a flechados por Palmer, al cazador le gusta llevarse como trofeos las cabezas cortadas y las pieles de sus presas. Ciertamente, en 2012, Palmer ya había cazado a otro león africano según las fotografías de la época.
Sobre la agonía de casi dos días de Cecil –célebre por su melena negra y descrito por las autoridades del parque Hwange, en el oeste del país, como un felino "semidomesticado, tranquilo y majestuoso"–, de ella dio cuenta la universidad de Oxford gracias al collar GPS que el animal usaba con fines de investigación científica.
Por eso en los últimos días, tres líneas aéreas estadunidenses, American Airlines, Delta Airlines y United Airlines, así como Air Canada decidieron prohibir llevar restos de leones, elefantes, rinocerontes, búfalos o leopardos cazados en África para no ser parte de este "deporte" sangriento que, en caso de Palmer, incluye ciervos y osos polares.
Tras el escándalo causado por este depredador serial –al que sería oportuno despojarlo por ejemplo de todos sus dientes, para doblegar su ego y luego arrojarlo a los cocodrilos de un estanque para que sepa lo que es luchar por su vida en situación de desventaja–, otra estadunidense, Sabrina Corgatelli, ha salido en las redes sociales en defensa de Palmer presumiendo como sus propios trofeos los cadáveres de varios animales victimados por ella durante un safari en Sudáfrica. Una foto la muestra en el Parque Nacional Kruger donde el 25 de julio mató a una hermosa jirafa, además de haber matado previamente a un antílope, un jabalí y un ñu.
La frase que añadió a la foto esta otra criminal cazadora, a la sazón contadora, es tan elocuente como su acto mismo: "¡Un animal increíble! ¡No puedo estar más feliz! La emoción que siento luego de matarla es un sentimiento que nunca olvidaré”.
¿Habrá sentido lo mismo otro cazador de animales –y de mujeres–, el compulsivamente infiel rey Juan Carlos de Borbón, cuando mató en Botsuana a un magnífico elefante que, desde luego, tenía mucho más derecho a vivir que ese vetusto e insensible monarca, que al igual que Palmer pagó para matar –en momentos además en que los españoles se suicidaban ante el despojo de que eran víctimas de parte de la también depredadora banca española?
No hay palabras ante tanto salvajismo humano, metódico, compulsivo y a sangre fría. Y la única más apropiada, es inhabilitada por la RAE: ASESINOS.