El triunfo de Donald Trump en la contienda presidencial de los Estados Unidos es una clara muestra de cómo las campañas políticas cada vez son más intensas, y también como los resultados son cada vez menos predecibles.
Para los países que tenemos una fuerte relación con EU, como México, y Tamaulipas como entidad fronteriza, es de la mayor importancia tener conocimiento de sus procesos políticos, económicos y sociales, por el impacto que tiene en nuestras relaciones cotidianas de toda índole. Compartimos más de tres mil kilómetros de frontera que seguirán existiendo y continuará siendo el paso obligado de miles de personas de ambos lados.
En esta ocasión en particular donde el ahora Presidente electo utilizó a nuestro país como una de sus principales banderas, debemos de recordar lo que en otros momentos históricos hemos hecho como país, unirnos y defender eso que de tanto mencionarse en los discursos oficiales parece haber perdido vigencia, pero que es más vigente que nunca: nuestra soberanía.
Si bien debemos de respetar la decisión que la mayoría de los ciudadanos norteamericanos reflejo en las urnas, de modo paralelo debemos prepararnos como país y como sociedad ante la eventualidad de que las promesas de campaña se vuelvan realidad.
Y eso solo lo podemos hacer unidos, con una fuerte participación ciudadana. Voltear hacia nuestro país y su enorme riqueza natural y cultural. Esa es la mejor base que tenemos para poder hacer frente a cualquier posibilidad de una amenaza externa, además de ser también la base moral de los paisanos que han hecho de Estados Unidos su segunda patria.
No caigamos en pesimismos ni en los dichos de los agoreros de malas noticias. Estamos en el Siglo XXI y debemos de tener claro que como mexicanos podemos ser parte de la comunidad global, pero con un enorme orgullo de nuestros orígenes. Nuestra relación bilateral con los Estados Unidos es mucho más fuerte y grande, no puede estar sujeta promesas u ocurrencias.
Como expresó el Presidente Barack Obama, así es la democracia, y los resultados que de ella emanan sus gobiernos deben obedecerlos. Y en nuestro caso, como país vecino, hagamos de esta circunstancia la oportunidad de fortalecer nuestra identidad nacional, ¿no cree usted?