Cultura

El 'curador' de injusticias

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El despojo es algo cotidiano en la república mexicana, sobre todo en la capital del país, donde las carpetas de investigación se acumulan en escritorios de fiscales que actúan según su humor, la carga de trabajo, la desidia o el color del partido en que militan; y ante la impotencia, hay víctimas que no solo insisten en que se haga justicia, sino que llevan el drama familiar a otros ámbitos.

Fue lo que sucedió con una chica, Mais Deus, quien llevó un problema familiar al teatro, sin caer en el panfleto, donde su personaje principal está convencido de que la muerte es una forma de curación para quien hace daño.

Y de ahí surgió El Sanador.

De la autora Mais Deus.

—¿Ese personaje estará en el subconsciente de algunos?

—Sí —contesta la dramaturga Mais Deus— pero una cosa es pensarlo y otra cosa es hacerlo.

—¿Y cómo nace ese personaje?

El Sanador fue como una idea romántica, de que la musa vino, pero realmente fue hace seis años cuando yo empecé a vivir una experiencia nada grata en lo que tenía que ver lo legal.

Y es que Mais Deus, como es seudónimo, estaba desesperada, pues en el escabroso camino tenía la esperanza de recibir ayuda no solo de la justicia terrenal, sino también de la divina. Pero lejos de encontrar soluciones había trabas y más trabas.

En ese entonces estaba en un taller donde tenía que escribir una obra de teatro y de pronto se dio cuenta que tenía la solución en sus manos: El problema que enfrentaba.

Y manos a la obra.

—¿Qué pensaste?

—Más bien cómo me desahogué y escribí la obra. Y apareció El Sanador como diciendo: “Mira, no te preocupes, yo aquí te voy a ayudar”. “¿Y cómo vamos a solucionar el problema en el que no te ayuda lo divino y ni lo legal? “Pues eliminando a esta persona que te está haciendo daño”.

—¿Y terminaste la obra?

—Terminé la obra y sentí mucha paz, una paz verdadera —suspira Mais Deus —; hasta me desconocí cuando leí el texto, porque yo no me considero alguien que maneje el humor negro, pero al leer la obra dije: “Ah, qué divertido”. Y me acuerdo que no tenía un título todavía, pero como yo sentí que sané en ese momento, por eso se me ocurrió ponerle El Sanador.

—¿Y el problema real ya lo resolviste?

—Sí, afortunadamente —sonríe— y todo fue como algo divino, porque a finales de 2025 sale una convocatoria de Porto Novo y entonces envío El Sanador. Pero, esperando el rechazo, días después me contactan.

—O sea, trasladaste la realidad a la ficción, ¿y qué sentiste?

—Pues prácticamente sanó mi mente, sanó mi corazón; creo que sí fue algo que tenía que pasar; o sea, escribir siempre ha sido liberador para mí, pero este texto es muy especial por esa razón: porque nació en un no muy buen momento, que finalmente me ha dado resultados muy agradables.

—¿Y se puede saber de qué se trató la realidad?

—La realidad, lamentablemente, es que a mi mamá le querían arrebatar un terreno; o sea, mi mamá pecó de buena persona…

—Actuó de buena fe.

—Sí, dejó vivir a unas personas en su terreno para que según lo cuidaran, pero lamentablemente estas personas dijeron: “Este es mi terreno y hazle como quiera, nosotros ya no nos vamos”. Entonces fuimos con las autoridades, ¿y qué fue lo que me dijeron en el Ministerio Público y en varias instancias? Pues “a ti no te vamos a apoyar porque tú no eres de la alcaldía”.

—¿De cuál alcaldía?

—De Milpa Alta. Y yo le dije: “Por qué no me vas a apoyar, si yo te estoy adjuntando todos los documentos; todos están a nombre de mi mamá”. Pero nada. Y fueron bastantes años. Desde el 2019 hasta el 2025 estuvimos peleando; afortunadamente lo resolvimos con un final agridulce. Pero…ya— dice Mais Deus, al mismo tiempo que jala aire y exhala, como si hubiese sanado de una larga enfermedad.

—Y esa mala experiencia te hizo creativa.

—Ahora sí que de este trauma nace esta obra; obviamente el tema no es un despojo…

—Creaste un personaje que se dedica a sanar.

—Sí, arrancarlo de raíz.

La obra tiene tres personajes, pero sobresale el que la hace de asesino, quien cree que libera matando al que daña. “Pero él no se ve como un asesino; él se ve como un sanador”, comenta Mais Deus del personaje principal.

—¿Y entonces?

—De hecho él dice: “Yo no mato; yo, sano, que es muy diferente”. Y tiene esta manera retorcida de justificar lo que hace, porque sí mata, pero en su idea es eso: “Yo te libero, porque es la única manera de que alguien que ha recibido golpes, humillaciones, despojos, solo se libera cuando muere la persona que le hizo daño”.

—¿Y tú cómo te defines como persona?

—Pues alguien terca, con el sueño de escribir y que no se cansa, aunque una puerta le cierren, ahí sigue tocando, o como me dijo un amigo: “Si no te la abren, mandamos a llamar un cerrajero, pero de que te abre, te abre”.

—¿Y cuáles son tus autores en la dramaturgia?

—Yo creo que va a sonar a cliché, pero William Shakespeare es como uno de mis grandes, porque siempre sus finales trágicos es lo que me gusta de él. Y siempre hay esas cosas tan humanas que nos caracteriza. Finalmente las cosas no salen como uno quisiera, pero Shakespeare es mi principal fuente de inspiración, y de ahí, igual y me van a matar un poquito los dramaturgos, porque siempre para cuestión de la novela…

—¿Quién o quiénes serían?

—Edgar Allan Poe, Herman Hesse, Patricia Highsmith, que maneja un humor negro exquisito…

—Como que te gusta hurgar esa parte oscura del humano.

—No es que lo haga consciente, es algo que finalmente me termina jalando; encuentro algo sumamente enigmático en esa parte oscura en la sicología, en lo retorcido de nuestro ser.

—Es interesante meterse en esa zona oscura del ser humano y tú lo haces en esta obra.

—Sí, y es algo que a mí me fascinó, porque se justifica; finalmente nuestro personaje, que tiene un código, también se ve en esta dualidad…

—Ese conflicto.

—Sí, en ese conflicto de ay, me voy o cumplo con lo que hago o fallo en lo que me propuse desde el inicio.

—¿Habrá una segunda temporada?

—Yo creo que sí; bueno, si el público lo pide aquí en La Teatrería —dice la autora, egresada de la UNAM, refiriéndose al espacio donde se presentó.

La obra tenía seis años en el cajón, pues nadie quería aceptarla, ya que anteponían prejuicios religiosos.

—¿Y qué pensabas?

—Yo decía: “Tengo que encontrar a alguien”, y ese alguien fue Porto Novo, quien dijo: “Va, nos la aventamos y vamos a hacer esta obra en La Teatrería”.

—¿Por qué te decían que no?

—Porque, digo, yo soy una persona con mucha fe, pero me deslindé de la doctrina religiosa y en esta obra me burlo un poco de eso.

Y es que el personaje principal de la obra forma su propia religión para justificar lo que hace y también se burla de algunos pasajes religiosos, para lo cual usa el humor negro.

Y fue así como nació El Sanador, un personaje que dirige un peculiar negocio que resuelve todo aquello que impide ser felices.

Una comedia de suspenso —dice Mais Deus— que mantiene al espectador entre la risa nerviosa y la expectación.


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Humberto Ríos Navarrete
  • Humberto Ríos Navarrete
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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