Política

La final del odio

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Siento mucho arruinar la final de la gran fiesta deportiva del momento pero la FIFA hizo algo que no puedo perdonar: utilizó al futbol para separar a la humanidad.

En todas partes se habla de dinero. Que si la FIFA está más rica que nunca. Que si ahora la FIFA hace negocios mil veces superiores a los que hacía antes. Que si la FIFA quiere más.

¿No se dan cuenta de que al hacerlo, lejos de estar atacando a la FIFA, la están elogiando? ¿No se dan cuenta de que al hacerlo están promoviendo al dinero como un valor fundamental?

¡No! ¡No! ¡Y mil veces no! La FIFA no es un modelo aspiracional. La FIFA es el ensayo de una nueva guerra, de un nuevo tipo de guerra, de una nueva manera de conquistar naciones.

Antes era muy bonito el tema del futbol: ¡Oh, sí! ¡El deporte! ¡La pelota que nos une! ¡El balón que juegan los pobres y los ricos! ¡La paz! ¡La hermandad! ¡Cuánta belleza!

En este 2026 el futbol ha dejado de ser una manifestación de poder suave (“soft power”) para convertirse en “El Poder”. Con mayúsculas.

Y así como antes las potencias invadían países para extender sus territorios, ahora el futbol, este futbol, está haciendo lo mismo pero sin que nadie se queje.

Está invadiendo regiones, está saqueando riquezas, está explotando gente, está imponiendo una religión. Su religión.

¿A usted no le parecen medianamente enfermos los fenómenos de odio que hemos estado presenciando desde que comenzó esto?

¿A usted no le preocupan las manifestaciones callejeras con insultos, golpes y hasta muertos?

Esta FIFA no está promoviendo el futbol. Esta FIFA está cambiando los ejércitos por selecciones nacionales y está poniendo a pelear al mundo en una suerte de simbolismo perverso.

“El juego del calamar” se queda estúpido al lado de todo lo que se está desprendiendo de este evento tan, tan, pero tan sucio que, como la Primera Guerra Mundial cuando se vivió, sigue sin tener un nombre.

No sé a usted pero a mí me duele que en esta ocasión, a nivel opinión pública, a nivel calle, cuando se anunció la final, no vimos el genuino deseo de que ganara Argentina o España como en las finales de otros eventos similares.

¡No! Como con “Emilia Pérez”, como con Pedro Sola, el deseo era: ¡Que pierda Argentina! ¡Que le vaya mal! ¡Que sufran los argentinos! ¡Malditos! ¡Los detestamos!

Perdón si soné muy poco políticamente correcto. Perdón si mis palabras se malinterpretan. Yo creo que en todas partes hay gente buena y gente mala, y no le deseo el mal a ninguna población de ningún país.

Menos a mis hermanas y a mis hermanos de Argentina con quienes he vivido grandes momentos de armonía allá y acá.

Pero el fenómeno se dio. Es indiscutible. Hoy les tocó a ellas y a ellos. Mañana nos puede tocar a nosotras y a nosotros.

Si en México tuvimos una guerra por unos pasteles en 1838, imagínese lo que no pudiera suceder con el futbol, con este futbol, en cualquier país, en 2026.

Esto no es deporte. Esto no es una celebración. Es, como le dije cuando presenciamos la inauguración, el principio de una nueva era.

Todas y todos en el mundo entero tenemos que estar preocupados. Todas y todos en el mundo entero tenemos que hacer algo para impedir que esto se salga de control.

En el segundo milenio conocimos horrores que nuestros ancestros jamás imaginaron y todos se justificaron en nombre de Dios, del darwinismo social y del progreso económico.

¿Será posible que en el tercero el origen de todo lo malo vaya a estar en el futbol? Por favor piénselo antes de que sea demasiado tarde. Por favor piénselo antes de que se vaya a poner peor.


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Álvaro Cueva
  • Álvaro Cueva
  • alvaromilenio5@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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