Hoy vivimos tiempos en los que hablar de emprender parece estar de moda.
Se promueve la idea de que cualquiera puede iniciar un negocio, desarrollar un proyecto y convertirse en empresario.
Y sí, emprender es una de las grandes alternativas para generar desarrollo y bienestar, pero quienes llevamos algunos años en esta actividad sabemos que no siempre fue así de sencillo.
Hace aproximadamente treinta años, a algunos de nosotros nos tocó abrirnos camino como emprendedores en un escenario difícil y complejo.
Había que tocar muchas puertas y, en la mayoría de las ocasiones, solamente unas cuantas se abrían.
Emprender significaba asumir riesgos, aprender sobre la marcha, buscar financiamiento y, sobre todo, tener la perseverancia para no abandonar cuando las cosas no salían como esperábamos.
Con el paso de los años el panorama comenzó a cambiar. Surgieron programas y apoyos gubernamentales, particularmente desde la Secretaría de Economía, destinados a fomentar la creación de nuevas empresas, impulsar actividades productivas y fortalecer el empleo.
Aquellos instrumentos representaron para muchos emprendedores una oportunidad para transformar una idea en una actividad económica formal.
Hoy enfrentamos una realidad diferente.
El emprendimiento se ha convertido en un concepto mucho más accesible y atractivo.
Cada vez más personas quieren emprender y, en ocasiones, se transmite la percepción de que hacerlo es sencillo.
Sin embargo, entre tener una buena idea y construir una empresa sostenible existe una enorme diferencia.
Una empresa necesita mercado, capital, capacitación, tecnología, infraestructura, seguridad, certidumbre jurídica y, sobre todo, condiciones que permitan competir y crecer.
Aquí existe una gran oportunidad para los gobiernos.
Más que solamente incentivar el emprendimiento, necesitamos políticas públicas que ayuden a que esos nuevos proyectos se conviertan en verdaderas unidades productivas, capaces de generar empleos formales, pagar impuestos, incorporar tecnología y contribuir al crecimiento del Producto Interno Bruto.
El reto no debe ser únicamente crear más emprendedores; debemos crear las condiciones para que existan más empresas que sobrevivan, crezcan y generen riqueza.
Desde el sector empresarial debemos asumir también nuestra responsabilidad. Tenemos experiencia que compartir, puertas que abrir y conocimiento que puede ayudar a quienes hoy comienzan el camino que nosotros recorrimos hace décadas.
Porque emprender siempre ha significado atreverse. La diferencia es que hoy debemos procurar que quien se atreva a emprender encuentre un ecosistema que le permita avanzar.
Los gobiernos pueden generar las condiciones, las instituciones pueden acompañar y los empresarios podemos aportar experiencia.
Pero el verdadero objetivo debe ser uno: convertir las ideas y el esfuerzo de quienes emprenden en productividad, empleo y desarrollo para nuestro país.
Después de treinta años de haber tocado aquellas puertas, quizá hoy nos corresponde ayudar a que sean muchas más las que permanezcan abiertas.
administracion@coconsa.com.mx