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La quiebra de la militancia

Héctor Zamarrón

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Con el fin de la hegemonía priista en 2000 terminó una era en la que militar en la oposición era sinónimo de miles de horas dedicadas a repartir volantes, pintar bardas de noche y a escondidas de la policía, organizar mítines sin más que un megáfono y una manta, de llenar el zócalo sin necesidad de acarreados.

El quiebre del sistema de partido hegemónico fue el momento en que todos los partidos políticos comenzaron a degradarse hasta convertirse en lo que hoy son: maquinarias electorales hechas para el negocio y la explotación de los cargos públicos.

Por eso, entre otras razones, caló tan hondo en el electorado la propuesta de honestidad que trajo un candidato disruptor que rompió los moldes de la política profesional y hasta con los partidos, para formar el suyo que es un movimiento-frente-partido.

Hoy en día militar tiene un significado por completo diferente al siglo XX, ahora militar es conocer el costo de las campañas: cuánto cuesta llegar a ser alcalde y diputado local o federal, cuánto se invierte para ser gobernador, cómo realizar el fondeo. Hay que saber quiénes son los mejores estrategas para el manejo de medios y elaboración de encuestas, conocer a un buen impresor que elabore propaganda.

Un buen militante es aquel que sabe dónde y a quién presionar para obtener sillas, mesas, carpas, equipos de sonido, transporte de militantes, pago a los asistentes y, sobre todo, reunir y "dispersar" fondos sin dejar rastro, no vaya a ser que uno termine multado por las autoridades electorales.

Conocer los estatutos del partido o su declaración de principios, ¿para qué? Si nadie los respeta ni los hace valer.

Por eso la política se encuentra tan desprestigiada si para lo que sirve es para engendrar Peñas Nietos, Duartes, Charrez, Moreiras, Velascos y demás.

También hay quien señala al financiamiento público como origen de esa corrupción. El presupuesto para los partidos ha crecido en forma espectacular y sin freno.

En 1997, los partidos recibieron 386 millones de pesos, 20 años más tarde, 4 mil 138 millones, es decir, multiplicaron por más de 10 su financiamiento sin que por eso mejorara nuestra política, sino todo lo contrario, a más financiamiento más indiferencia y abstencionismo electoral.

Por eso, ojalá prospere la iniciativa para reducir a la mitad el presupuesto a los partidos que presentaron el diputado Mario Delgado y la diputada Tatiana Clouthier en marzo y que espera ser dictaminada por el Legislativo.

Terminó el segundo periodo de sesiones sin que lo abordaran, por lo que ahora será hasta septiembre cuando pueda discutirse.

Mientras tanto uno extraña esa militancia de antaño y no es que uno se haga viejo, solo que ve mejor el cinismo y a veces siente la tentación de conseguirse una lámpara como Diógenes y salir de día a San Lázaro a buscar políticos honestos.

Por eso, dicen los teóricos de la política, la real oposición migró hace tiempo a movimientos que tienen finalidades concretas: el feminismo, el ambientalismo, la lucha por los derechos humanos, los pueblos indígenas, el activismo ciudadano, la discapacidad y la defensa de los animales. Quizá hasta los impulsores de las bicicletas quepan ahí. Quizá.

hector.zamarron@milenio.com

@hzamarron

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