Política

Morin contra el país simple

La biblioteca de mi padre siempre estuvo habitada por Edgar Morin. Lo recuerdo entre libros subrayados, lomos gastados y esa forma silenciosa en que ciertas ideas acompañan una casa. Ahora que el filósofo murió a los 104 años, volví a algunos de sus textos y tuve la sensación rara de que pensó para el México de hoy.

No del México idealizado por el gobierno ni del México condenado por los críticos. Hablo más del país que discute a gritos, que debate en la superficie, que gobierna por partes y que espera que una reforma, un héroe, una obra, una app o una mayoría arreglen lo que lleva décadas enredado.

Morin desconfiaba de las respuestas demasiado simples. México, en cambio, las produce todos los días. Decimos corrupción, violencia, desigualdad, polarización, impunidad. Cada palabra intenta explicar un país. Ninguna alcanza. Y el problema empieza cuando una palabra útil se vuelve pretexto para dejar de mirar todo lo demás.

Ahí está la trampa: México toma un pedazo del problema y lo trata como si fuera el problema completo. Una escuela no se entiende solo por sus maestros; también por el transporte, la comida, las pantallas, las familias, el miedo. Una reforma judicial no se entiende solo por ministros y jueces; también por fiscalías, policías, expedientes, presupuesto, burocracia. El nearshoring no se entiende solo por inversiones; también por agua, energía, aduanas, seguridad y talento. La inteligencia artificial tampoco llega a un país abstracto: aterriza en oficinas que piden copias y sellan con tinta.

México funciona por conexiones; nosotros lo discutimos por cajones.

La política ayuda poco. El gobierno simplifica cuando confunde mayoría con razón. La oposición simplifica cuando cree que denunciar sustituye a construir. Los medios simplifican cuando tratan cada conflicto como si fuera partido de ida y vuelta. Las redes reducen el país a un meme vendido como pensamiento.

Pero la realidad no obedece al formato. Se mezcla, se desborda, y cobra intereses.

Morin no proponía pensar complejo para hablar difícil. Más bien pedía pensar mejor para decidir menos mal. Antes de anunciar soluciones, habría que dibujar relaciones: quién gana, quién pierde, quién ejecuta, quién paga, quién corrige, qué efecto secundario aparece mañana. Parece poco. En México sería casi revolucionario.

Morin diría al México de hoy que ningún problema importante viene solo. Cuando lo tratamos como si llegara solo, terminamos arreglando una pieza y descomponiendo tres.

La tragedia no es que México sea complejo. La tragedia es que insiste en explicarse fácil.


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Héctor Faya
  • Héctor Faya
  • Fundador de Aurora Policy Solutions y profesor de IA y derecho en la Ibero CDMX.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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