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Reprobados

El bajo rendimiento de los estudiantes en lectura, matemáticas y ciencias es un síntoma claro de un malestar mayor. El 35 por ciento de los estudiantes mexicanos de 15 años no llega al nivel mínimo de competencias en matemáticas, lectura y ciencias, en tanto sólo uno de cada 100 logró posicionarse en los niveles más altos, de acuerdo a los resultados de la prueba Pisa (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos) 2018, que se aplicó a estudiantes de 79 países. En el caso de México, la evaluación alcanzó a 7 mil 299 estudiantes.

Al ubicar los resultados en el contexto de los países que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México obtuvo el peor resultado entre las 36 naciones evaluadas: puesto número 36 en matemáticas, 36 en ciencias y 36 en lectura. Si bien la comparación se da frente a países más ricos y desarrollados, cuando se hace la comparación interna tampoco hay mejorías: en los últimos 12 años no ha habido avances en comprensión lectora, en matemáticas y ciencias. Esto nos da cuenta de un estancamiento en la calidad educativa, además de que se puso en evidencia que la desigualdad socioeconómica sigue rezagando a los estudiantes de menores ingresos.

Aunque la prueba PISA tiene alcances específicos, los resultados no dejan de ser alarmantes porque señalan un problema gigantesco: la educación que reciben los jóvenes no está funcionando. Y esto tiene un impacto directo en la economía, en el mercado de trabajo, en las posibilidades de combatir la pobreza, minimizar la desigualdad y, en general, de mejorar las condiciones de vida. Hay una relación directa entre la calidad educativa y la economía: los países con mejores niveles educativos son los que tienen las economías más prósperas, más sólidas y más justas. En cambio, los que tienen educación deficiente son los que ostentan los niveles más altos de pobreza, desigualdad, corrupción, inseguridad y precariedad.

En el contexto de la economía del conocimiento, en el que la educación es la base para la innovación, la creatividad y la investigación, la calidad educativa es fundamental para el crecimiento, el desarrollo y para revertir la desigualdad. Basta con ver a los países mejor posicionados en la Prueba PISA: China se ubicó en el primer lugar y posee una economía con un crecimiento fuerte y sostenido. Ya es la segunda potencia económica del mundo. Y Singapur tiene el récord de pasar de ser un país pobre en la década del 60 a una economía rica en donde prácticamente ya no existe la pobreza.

La cuestión educativa debe convertirse en prioridad absoluta si es que realmente se quiere mejorar la economía. Sin generaciones preparadas no se podrá superar el problema del escaso crecimiento ni de la pobreza, ni la desigualdad. Falta mejorar la competitividad, la productividad, la especialización de los recursos humanos así como la ciencia y la tecnología, y todo esto depende de una buena educación. La verdadera reprobación de la economía está en la mala calidad educativa. Por ahí debemos empezar a mejorar. 


@farinaojeda

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Héctor Farina Ojeda
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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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