No hay vuelta atrás hacia el escenario que teníamos antes de la pandemia prácticamente en todo lo relacionado a Internet. Esto me dijo hace algunos José Luis Orihuela, profesor investigador de la Universidad de Navarra, España, en el marco de una conversación sobre su reciente libro Culturas digitales, en el cual se explica cómo y por qué Internet nos transformó la vida. El empleo, la educación, la política, la cultura: todo se ha ido transformando con los avances tecnológicos y esto se ha acelerado durante la pandemia, por lo que los cambios digitales que vivimos en este tiempo quedarán incorporados a nuestro ADN.
El paso al mundo digital ya tenía tiempo pero con la pandemia se volvió urgente, lo cual representó una aceleración extraordinaria para la que no todos estaban preparados. Y en este proceso vertiginoso, la necesidad de la alfabetización digital, el aprendizaje de las herramientas, los usos, las lógicas y las habilidades digitales se volvió todavía más imperioso. Si antes había necesidad de saber cómo manejarse en el mundo digital, con la pandemia se volvió más esencial, vital.
Ahora bien, tomemos esta breve reflexión para ubicarla en el contexto de nuestras sociedades latinoamericanas que tienen no sólo grandes atrasos en alfabetización digital, sino que se encuentran en el escenario de la desigualdad, en el teatro de la inequidad, en el estadio de mayorías empobrecidas y de minorías que concentran la riqueza. Mientras la crisis económica por la pandemia hizo que aumente la cantidad de personas en la pobreza y con esto se ensanchó la brecha de desigualdad, imaginen lo que puede pasar con esta transformación intempestiva hacia lo digital: el riesgo, ya conocido, es que una buena parte de la población no pueda adaptarse a los cambios de la digitalización y debido a ello pierda oportunidades de empleo, pierda ingresos y tenga menos opciones reales de enfrentar la pobreza.
Uno de los riesgos que ya estamos viendo es el de la brecha de habilidades que afecta a los trabajadores que perdieron sus empleos en pandemia. Y a medida que los empleos se van recuperando, se dan cuenta de que lo que sabían hacer antes ya no es suficiente porque se requieren nuevas habilidades y competencias, casi todas derivadas de una aceleración de la digitalización. Esto ya lo había advertido la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en el informe “Formación profesional en la respuesta a la crisis y en las estrategias de recuperación y transformación productiva post Covid-19”, de octubre de 2020, en el que señalaba la urgencia de capacitar a los trabajadores en las nuevas habilidades que el mercado demanda.
Estamos en un escenario que se reinventa digitalmente en forma muy acelerada y esto nos obliga a aprender sobre la marcha. Con una pobreza acuciante y con la salvedad de que no hay margen para más desigualdad, la gran pregunta es ¿cómo nos ponemos al día con las habilidades, las competencias y los conocimientos digitales? La respuesta requiere de una gran iniciativa educativa y de romper paradigmas.
Héctor Farina Ojeda