Nada nuevo bajo el mismo sol: se pronostica un año de crecimiento insuficiente, con una inflación elevada y con el mismo drama del empleo, todo esto matizado por la inquietud política, la volatilidad cambiaria, la incertidumbre por el contexto internacional y los miedos anclados en el sector petrolero. Con los mismos obstáculos y con los factores externos como principal condicionante, nuevamente estamos ante el entredicho de que el dinamismo propio no será suficiente para atender todas las demandas, por lo que una revisión de los motores desde la productividad, la competitividad y la educación es más que necesaria.
Los analistas consultados por el Banco de México estimaron que este año el crecimiento será de 2.19 por ciento, en tanto la inflación será de por lo menos 4 por ciento. Esto nos ubica ante la perspectiva de un año en el que el encarecimiento del costo de vida duplicará a la generación de riqueza. Como ocurrió en 2017, cuando la inflación triplicó al crecimiento, el poder adquisitivo sufrirá debido a que la gente deberá enfrentarse a un encarecimiento de productos sin lograr mejorar sus ingresos. No es un buen augurio para los millones de mexicanos que viven bajo la línea de pobreza.
Lo más curioso de todo es que realmente no hay cambios importantes en cuanto a las barreras por superar, las amenazas o las oportunidades. Una simple revisión de las noticias de los últimos veinte años seguramente nos confrontará con los males de la corrupción, la insuficiente inversión educativa, la dependencia de la economía estadounidense o la incertidumbre derivada de la incapacidad natural de controlar las variables del mercado internacional. Siempre la corrupción, siempre la dependencia, siempre el sistema de privilegios para los amigos y compadres, siempre el descuido hacia el conocimiento, el talento y la idoneidad.
No hay manera de esperar una mejoría económica sobre la base de la dependencia de factores externos. Ni en tiempos de auge ni con el récord de las remesas o los buenos precios del petróleo se logró un beneficio suficiente para tan siquiera minimizar en algo la pobreza. Los pobres siguen pobres pese a programas, proyectos, anuncios, promesas, campañas, descuidos y olvidos. Definitivamente no hay derrama que alcance cuando el escenario no es favorable para la distribución de ingresos y bonanzas.
Si el mercado no está generando suficientes empleos, si vamos en picada hacia más precariedad en el trabajo y si el crecimiento se da en los sectores de servicios, en industrias creativas e innovadoras, es más que claro que no podemos quedarnos con una formación tradicional ni en espera de que los nuevos negocios nos contraten por nuestras viejas habilidades.
Las mismas barreras y el mismo sistema retorcido siguen ahí. La gran pregunta es cómo prepararnos para reinventar el escenario, para romper el cerco de los empleos explotadores y mal pagados, y para hacer de la generación de riqueza una oportunidad real para la gente. Para males cíclicos, necesitamos nuevos remedios.
@hfarinaojeda