El caso de la joven María Adela ofrece una radiografía de la doble moral de la sociedad mexicana. Mientras se exige a las madres un desempeño infalible, se les obliga a maternar sin escuelas de tiempo completo, sin guarderías, sin redes de apoyo y en una permanente violencia familiar y de pareja.
El reciente caso de la joven originaria de Chetumal, quien denunció años de violencia física y psicológica por parte de su madre, es la prueba que obliga a reconocer que el vínculo sanguíneo no es garantía de cuidados, amor ni responsabilidad. Que las tareas de cuidados también son responsabilidad del Estado. Y que la familia no es siempre el lugar más seguro, por el contrario, en Quintana Roo, datos recientes de la ENDIREH arrojan que, mientras el indicador nacional de violencia en la pareja es del 25%, en Quintana Roo se eleva al 39.6%. La incidencia en el estado llega a ser hasta 564% superior al promedio nacional. Esto significa que, mientras en otros estados es un problema grave, en Quintana Roo es una crisis generalizada. Y la violencia familiar encabeza las llamadas al 911, donde el municipio Othón P. Blanco (donde se encuentra la capital Chetumal) ocupa el tercer lugar, después de Playa del Carmen y Cancún.
La maternidad es una de las principales instituciones del patriarcado y se exige a las mujeres un desempeño infalible. Como señala la filósofa Silvia Federici, el trabajo de cuidados es invisible hasta que algo sale mal. Es cuando los vigilantes de la moral patriarcal entran en escena, listos para linchar a la madre por no cumplir el guion de santidad y abnegación.
La maternidad debe ser deseada y planeada o no ser. Es urgente acabar con la maternidad obligada e impuesta en México. La estadística es terrible, nuestro país es el primer lugar en embarazo adolescente, tan solo en el 2024, se registraron 390 mil nacimientos.
Estamos frente a una imposición sociocultural patriarcal que obliga a niñas a ser madres, mientras el 59% de los agresores conviven bajo el mismo techo que sus víctimas. Además de la falta de corresponsabilidad masculina, tolerada e invisibilizada.
Este 10 de mayo Día de las Madres, avancemos en desmitificar la "maternidad abnegada. Y exijamos que los cuidados sean una realidad de responsabilidad colectiva, no una condena solitaria para las mujeres. Necesitamos que la Ley Sabina y el Registro Nacional de Obligaciones Alimentarias funcionen para que el abandono de las infancias deje de ser la norma.