En la celebración de Año Nuevo en Times Square de la semana pasada, la atención no estuvo en las limitaciones de público asistente ni en las dificultades para poder producir un programa de variedades de cuatro horas cuando no puedes tener variedades. No, la historia la tuvo el conductor de la cadena “Bravo”, Andy Cohen, quien, invitado por CNN para ser el anfitrión de su celebración, tomó unos cuantos tequilas de más y, con voz aguardientosa, criticó amargamente al alcalde saliente de Manhattan, Bill de Blasio.
Cohen había externado dichas críticas desde la transmisión anterior en 2021, pero ahora, ante el cambio de gobierno en la Gran Manzana y el estado alcoholizado del anfitrión, el episodio se volvió viral.
Y obvio, los alcaldes de Nueva York son el villano favorito de sus habitantes. Todos lo han sido con una sola excepción: Rudy Giuliani quien, obvio, fue rescatado por la trágica circunstancia.
Gobernar Nueva York tiene sus enormes dificultades: movilidad, educación, limpieza, seguridad, bienestar. Nadie ha logrado salir con notas altas de la encomienda.
Mucho de ello se debe, también, a la concentración mediática que existe en ella. Si bien sus periódicos en cantidad son menos que los existentes en Ciudad de México –por ejemplo–, la enorme cantidad de canales de televisión y empresas de medios hacen que el escrutinio sea mayor. Algunos, claro, con otros intereses.
En la Sexta Avenida se encuentra la sede de Fox News. Instalados primero en lo que era un club de videos que fue creciendo a lo ancho y alto, Fox se ha transformado en el factótum mediático del Partido Republicano, la obra maestra de Roger Ailes que no vivió para ver cómo su sueño se cumplía a cabalidad: ser la voz del sector menos educado, más conservador de la Unión Americana. Y sí, el que tiene y sabe manejar el poder.
Ayer se cumplió un año del intento por derrocar al gobierno actual norteamericano a partir del terror y la negación política. Aun hoy, Fox pretende no tocar el incidente y señala los yerros –que los hay– de la administración Biden para construir el camino que regrese el poder al Gran Old Party tanto en el Capitolio como en la Casa Blanca. El villano dentro de su relato es obvio: un presidente tibio y con poco control de sus legisladores que no ha logrado erradicar o siquiera controlar una pandemia que, además, tiene la economía contra las cuerdas.
Olvidan mencionar la campaña interna donde cuestionan la efectividad de las vacunas, la negativa republicana a acceder a negociar leyes, el bloqueo a iniciativas que inyecten recursos a infraestructura y programas de bienestar y, obvio, se niegan a cuestionar el intento de derrocar su democracia y las acciones legales que se urden hoy para la elección de 2024.
Como sociedad pedimos rendición de cuentas a los políticos y esperamos que los medios sean el reflejo de los aciertos y los errores de los mismos.
Pero ¿Qué hacemos cuando los medios juegan a su favor y no al de la ciudadanía? ¿Qué pasa cuando una misma empresa editorial denota un trato diferenciado al poder a partir de sus filias y fobias o, peor aún, a sus compromisos políticos y comerciales?
Fox es un ejemplo muy aceitado de esa simbiosis, pero los casos de periódicos, estaciones de radio y televisión y medios digitales que cuestionan desde la desinformación y la maña cada día son más evidentes en nuestra sociedad. Nunca, con un sentido orientado al ciudadano, sino de defensa a su partido, su cacique, su proyecto político o hasta su revancha personal. Debiéramos poner atención a eso, aunque no sea tan espectacular como un borracho en Año Nuevo.
Gonzalo Oliveros