A Gil y a buena parte de los comentaristas y opinadores les ha quedado claro el plano de la escena: la intervención de Estados Unidos en Venezuela viola la ley y el discurso de Trump es abusivo y prepotente. Pero como se oye en las cantinas: está el lodo como para el marrano. Ahora mal sin bien, si hacemos un movimiento de cámara, un paneo, y nos detenemos en el informe de la ONU sobre las violaciones de los derechos humanos de la dictadura de Maduro, el asunto se vuelve estremecedor.
A Gamés le cuesta trabajo aceptar la complicidad del gobierno del ex presidente Liópez y de la presidenta Sheinbaum con la sevicia represiva de la Guardia Civil Bolivariana y sus ignominiosos agentes. Gil solo recuerda historias similares en América Latina bajo el terror de golpes militares como los de Rafael Videla o Augusto Pinochet.
En la página de las Naciones Unidas, “Noticias ONU. Mirada Global. Historias humanas”, Gilga leyó: “Rendir cuentas por las violaciones a los derechos humanos no se logra mediante una intervención militar”. “La acción de Estados Unidos hizo que todos los Estados sean menos seguros en todo el mundo”, dijo la portavoz del Alto Comisionado, Ravina Shamdasani.
La oficina de Derechos Humanos fue expulsada de Venezuela en febrero de 2024 después de sus constantes informes sobre el deterioro de la situación en el país. “El pueblo de Venezuela merece una rendición de cuentas a través de un proceso justo y centrado en las víctimas”.
Empeorar
La portavoz de la Oficina expresó su preocupación de que “la inestabilidad y la mayor militarización del país puedan empeorar la situación”. Shamdasani señaló “que el sábado se declaró un estado de emergencia que restringe la libre circulación de las personas, la incautación de bienes necesario para la defensa nacional y la suspensión del derecho de reunión y protesta”. Leyó usted bien, lejos de mejorar, los derechos humanos se deteriorarán aún más. Quienes afirman que siempre se puede empeorar tienen razón. Un verdadero desastre.
Según la Oficina para la Coordinación de Ayuda Humanitaria, casi ocho millones de venezolanos, uno de cada cuatro, necesita ayuda humanitaria después de la inestabilidad, el declive económico y el aumento de la represión. El portavoz Jens Laerke ha dicho que la situación tal y como era antes de la intervención de Estados Unidos persiste, no hay ayuda humanitaria; más de un millón de venezolanos vive sin comida, medicinas y educación. Siete millones han huido a su suerte, lejos del infierno que ha impuesto el gobierno de Maduro.
Mismo régimen
Gil ha entendido algo: el régimen de Maduro sin Maduro ha quedado intacto: las milicias maduristas patrullan las calles, los presos políticos siguen en las cárceles, la libertad de expresión permanece suspendida y los culpables de tortura, desapariciones forzadas y asesinato gobiernan aún Venezuela. Ellos son Percy Rodríguez, Diosdado Cabello y Valdimir Padrino López. O sea, el mismo régimen, pero con Trump, quien ha exigido entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo. Gil no da crédito y cobranza.
El informe de la Determinación de Hechos de este año ha cimbrado al mundo, los venezolanos lo sabían, pero ahora lo certifica la ONU. Algunos hechos: en 2025 más de 200 niños, niñas y adolescentes fueron encarcelados, muchos de ellos desaparecidos, torturados y abusados sexualmente; se multiplicaron los casos de violencia sexual, incluso de esclavitud sexual, hombres y mujeres prostituidos a cambio de dinero, de comida, de una cobija para dormir; el informe revela que hay ciudadanos extranjeros, de 29 nacionalidades, presos en las cárceles venezolanas.
Gilga regresa al principio: el gobierno del ex presidente Liópez y Morena en pleno han sido cómplices de esta dictadura. La postura presidencial de Sheinbaum apunta hacia ese rumbo, aun bajo la presión de Trump.
Todo es muy raro, caracho, como diría Romain Rolland: “es más fácil no dar el poder a ciertos hombres que impedir que abusen de él”.
Gil s’en va