Al fin Gil ha entendido lo que son las Utopías que impulsa la jefa de Gobierno de Ciudad de México. Así lo explicó al inaugurar la Utopía Mixiuhca, en Iztacalco: “Representa el inicio de una nueva etapa en la forma de concebir la ciudad, con un enfoque de urbanismo social orientado a reducir desigualdades, donde este modelo rompe con la visión tradicional del desarrollo urbano basado únicamente en la infraestructura, al colocar en el centro de la vida cotidiana y el tiempo de las personas”.
Gilga se llenó de curiosidad, ¿Qué será eso que cambia la forma de vida en la ciudad? Pues para empezar tiene 80 mil metros cuadrados y podría usted encontrar desde un niño de 45 días de nacido hasta lavanderías, comedor comunitario, mastografías y atención psicológica, todo esto de las 7:30 de la mañana hasta las 4 de la tarde. Si, sí, claro, también hay juegos y juegas. O sea, si Gamés entendió algo, las Utopías son como falansterios de Iztapalapa. Sí, sí, los adultos tendrán actividades recreativas y de paso le pueden tapar a usted una muela.
Si usted pensaba que en Mixiuhca se había olvidado el deporte y la cultura, se ha equivocado, esta utopía le trae una alberca semiolímpica gratuita con capacidad para 2 mil usuarios, canchas deportivas, pista de pump track (que sabe Dios qué sea), minigolf de 18 hoyos y un auditorio con capacidad para más de 400 personas y un foro al aire libre: ¿cómo les quedó el ojo? Esta utopía es la primera de cien que Clara Brugada instalará en la ciudad. Dice la jefa de Gobierno: “Las Utopías no son un punto de llegada, son puntos de partida; son laboratorios del futuro donde se ensaya una ciudad distinta”. Por cierto, nadie dice cuánto cuesta poner la utopía, pero barato no es, Gilga se los asegura.
La triste realidad
La enemiga mortal de la utopía, cavila Gil, la realidad. Gil siempre es más modesto en sus sueños, Gamés se conformaría si esta no fuera la ciudad de los bloqueos que impiden circular por vastas zonas de las utopías, si los motociclistas no se hubieran adueñado de las calles en todas las direcciones, si esos reductores de la velocidad llamados baches no nos hicieran pensar que vamos a bordo de una diligencia del siglo XIX. Menos utopía y más realidad: una ciudad donde la extorsión no fuera práctica común de cada día, sin pago por el uso del suelo que impone el hampa; una ciudad en combate frontal contra los feminicidios y violencia de género, una ciudad sin trata de blancas, una ciudad más ordenada y desregulada. ¿Es mucho pedir? Sí. Siempre es mejor soñar y dejar que crezca la planta de la demagogia en la tierra de sus quimeras. En fon, por ahora vivimos en Utopías Brugada inc.
Granma 2.0 arriba a Cuba
Gil lo leyó en su periódico La Jornada. El buque Nuestra América Convoy a Cuba, que fue denominado por el colectivo que va a bordo como Granma 2.0, tenía previsto llegar a La Habana, Cuba, este lunes, pese a los retrasos que afectaron su arribo a la isla, según información publicada en redes sociales por algunos de los participantes en esta iniciativa internacional.
El pasado viernes salió de Puerto Progreso, Yucatán, con 30 toneladas de ayuda humanitaria, pero en su trayecto sufrió algunas fallas eléctricas, las cuales ya han sido reparadas. Entre los paquetes de suministros que van en la embarcación hay alimentos, medicamentos, productos de higiene, bicicletas y paneles solares.
Gil jura y perjura que al tocar tierra cubana, todo el apoyo del Granma 2.0 será confiscado por las autoridades cubanas. A nadie se le ha ocurrido seguir el camino del apoyo, ¿a dónde irá a parar esa ayuda, apenas una nada para la gente cubana? Se lo va a quedar la burocracia dorada, entre los que se cuentan Silvio Rodríguez y su fusil.
A Gil no deja de llamarle la atención que después de tanta realidad, de tantas pruebas de la tiranía, muchos cabeza de chorlito sigan defendiendo a la revolución cubana, un mito, una leyenda, una cruel dictadura que ha llevado a su pueblo a la tragedia humanitaria.
Todo es muy raro caracho, como diría Albert Camus: “No se puede destruir todo sin destruirse a sí mismo”.
Gil s’en va