Cuando Gil vio que el jefe de las fuerzas armadas cubanas, Álvaro López, le entregó a Silvio Rodríguez el fusil de asalto AK 47 que le exigió al dictador Díaz-Canel para defender al pueblo cubano, los ojos se le llenaron de lágrimas y cantó: “La Era está pariendo un fanfarrón / no puede más, se muere dolor”. Ah, los héroes revolucionarios, ah la Patria y la muerte.
El octogenerio cantautor, delator de disidentes y dueño de los helados Copelia que le regaló Fidel Castro, observó el arma y se dispuso a defender a la revolución que lleva en el poder solamente sesenta y siete años. “Rodríguez recibió su fusil en justo reconocimiento a su patriótica disposición de empuñar las armas para defender a la Patria ante cualquier agresión de Estados Unidos a la isla”, afirmaron los voceros de la dictadura.
“Exijo mi AKM, si se lanzan. Y conste que lo digo muy en serio”, escribió Rodríguez en su página web. A Gamés se le puso la gallina de carne. Por su parte Díaz-Canel cargó contra lo que calificó como brutal presión de Estados Unidos para aislar a Cuba.
Los curas de la iglesia cubana dirán la misa, pero nadie mueve a Gilga de esta opinión: Trump es un miserable, pero los únicos culpables del estado catastrófico de la isla se encuentran dentro del puño de la dictadura que ejercieron con mano de hierro Fidel y los suyos. Sesenta y siete años, se dice fácil. Cantemos la poesía de Silvio Rodríguez: “La Era está pariendo un fanfarrón…”.
La CNTE, 'again and again'
Los rufianes de la CNTE han vuelto, aquí los tenemos en nuestras narices, pero las autoridades no se atreven a tocarlos, antes al contrario, les ofrecen mesas de diálogo, aumentos, los tratan como a sus consentidos, la verdad lo son y lo han sido, recordemos que el expresidente Liópez los acarició en sus discursos, los atrajo con su voz suave y melodiosa.
Los bloqueos asfixiaron durante nueve horas a la Ciudad de México, sí, nueve horas. Gil leyó de estos desmanes en su periódico La Razón en una nota de Yulia Bonilla: “la CNTE rechazó el diálogo que ofrecieron las secretarías de Educación y Gobernación e insistieron en que quieren ser recibidos por la Presidenta Sheinbaum”.
Oigan ustedes y no coman huevo con aguacate porque les va a caer fatal: en el segundo día de paro, el magisterio (es un decir) se desplazó desde las nueve de la mañana hasta el Paseo de la Reforma, a la altura de El Caballito, para bloquear todas las calles aledañas. Un caos, un desastre. Cientos de miles de personas sin saber qué hacer o cómo llegar a sus destinos y todo porque a unos cientos de maestros (es otro decir) les da la gana.
Jenny Pérez (gran nombre), dirigente de la Sección 22, dijo: “la CNTE, desde la asamblea, ratificamos que la mesa debe ser directamente con la Presidenta para tomar las decisiones correspondientes”. ¿Y que exigen estos cientos de maestros y maestras?: “dar marcha atrás a la Ley del Issste de 2007, con un aumento salarial del 100 por ciento, así como mejoras a las condiciones laborales, la desaparición de la Unidad del Sistema para Carrera de las Maestras y los Maestros, así como que se derogue la última reforma educativa que llevó a cabo el modelo de la Nueva Escuela Mexicana”. No quieren nada los muñecos y las muñecas de la CNTE.
Bloquear es fácil, regalado
El bloqueo provocó un severo congestionamiento vial en el Centro, se cerraron las líneas 1 y 3 del Metrobús. Quienes salieron de sus trabajos horas más tarde caminaron por Reforma e Insurgentes, avenida Juárez y otras calles para llegar a sus casas.
Gil no da crédito y cobranza: los líderes le ordenan a unas cuantas señoras y otros señores que se dirijan a las calles donde se ha establecido el bloqueo, los maestros y las maestras, o lo que sea, se llevan sus sillas y unos pequeños toldos para protegerse del sol. Se sientan en cuatros esquinas, ponen cinta amarilla y listo, el bloqueo existe.
¿De verdad nadie puede impedir este abuso? No. Uta, estamos bien jodidos. Todo es muy raro, caracho, como diría el Quijote: “cada uno es hijo de sus obras”.
Gil s’en va