Tiempo atrás se quejaba una madre de familia, de que a su hijo en una secundaria publica. fue amenazado con una navaja por sus compañeros. Y afirmaba que los directivos permanecieron indiferentes ante estos pequeños criminales.
Otros padres refieren incluso de alumnos golpeados y fracturados. Hoy vemos que algunos llevan armas de fuego y masacran a compañeros o maestros. Así es como la impunidad desde una edad temprana, va construyendo este cochinero de país tan violento.
Ningún hijo nace con mala cabeza. Ni se sentó en las escaleras a meditar con toda premura, cómo hacerle la vida imposible a sus padres en la adolescencia. Cada acto de extravío y cada desatino, se gestó en la casa.
Un adolescente criminal, cae a un abismo excavado con la indiferencia de sus padres. Las pistolas o las navajas lo hallaron antes que ellos; no sabían ni dónde estaba y desconocían hasta el nombre de sus amigos. La lejanía nos consume.
¿Sabes porqué tu hijo vive todo el día en esos audífonos? Porque no le interesa lo que tengas que decirle ahora... se le fue la infancia y la vida, esperando tu atención mientras veías la novela o el fútbol y platicabas superficialidades con tus amigos.
¿Te preguntas porqué que no se preocupa por ayudarte en casa y solo lo mueven sus intereses? ¿Recuerdas esa filosofía tuya de darle todo sin ningún esfuerzo y facilitarle la vida? He ahí la respuesta.
¿Te deprime verlo masacrando las horas en una pantalla de celular? Se llama soledad. Imagina lo vacío del ambiente que percibe en casa, que prefiere evadirse en un mundo virtual. ¿En serio te sientes ajeno a ello?
Y las pésimas amistades que consigue… ¿Son casualidad? ¿U ocupan el sitio que no llenaste en años? Quizá te sea cómodo cerrar los ojos a tu responsabilidad y dedicarte a culpar a sus amigos. O al internet. O pensar que solo tu pareja tuvo la culpa. Formas de evadirse hay muchas.
Pero ninguna sirve, cuando en la noche pegamos la cabeza a la almohada y tenemos qué decirnos la verdad a nosotros mismos. Esta generación no salió “mala cabeza”. Es el reflejo de nuestros propios asuntos emocionales sin resolver. “Mi hijo no haría algo tan terrible”
¿Seguro?