Cultura

Sobre la moral

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Si de algo sirve lo que para esta época evanescente ya no sirve, Alain de Benoist es dueño de la biblioteca privada más grande de Francia: entre 150 mil y 250 mil volúmenes. Intelectual neopagano fundador de la Nouvelle Droite (Nueva Derecha) francesa —un movimiento mucho más complejo de lo que dice la peyorativa simplificación ideológica al respecto—, en 1997 publicó “Veinticinco principios de moralidad”.

La moral es la idea del deber por el deber. Considerarla el móvil de la acción. Antes que externo o colectivo, ese deber es un imperativo individual. Está en aquel dictum del Bhagavad Gita exigido por Shiva a Arjuna: “Combate como si el combate tuviera sentido”. Al actuar como si se está obligado por una norma moral. Alain de Benoist creyó firmemente en los principios morales: los consideró normas de vida.

Hoy son antiguallas para un mundo sin valores referenciales y empeñado en liberarse de los sustentos éticos de lo humano y aun de lo humano mismo. Es una derecha conservadora e ilustrada, tradicional, no cristiana y ajena a las extremas derechas neofascistas la que en Occidente preserva los valores esenciales.

Capilaridades, concomitancias, atemporalidades: eternos ciclos del Uno en todo. Lo que sigue es la glosa de esos veinticinco principios, propiedad de cualquiera dispuesto a seguirlos y creación específica de nadie, así los haya transcrito Alain de Benoist.

El hombre es el compañero de Dios y ambos crean en común. Lo esencial no es creer en Él sino actuar de tal manera que Él pueda creer en nosotros. El cuerpo y el alma son una y la misma cosa. Reducir uno al otro u oponerlos es una enfermedad del espíritu. No basta con nacer, después hay que ser “creado” por uno mismo. Por ello Meister Eckhart habla de la “autocreación”. La virtud no es un medio para ningún fin último: es su propio fin, su propia recompensa. La reconquista interior es el punto de partida de uno mismo, también el redescubrimiento interior del ánima y el animus.

Nunca hay que estar satisfecho con uno mismo. Hay que cambiarse a uno mismo antes que querer cambiar el mundo y a los demás. Debe cultivarse la energía interior, esa que permite ser en invierno aquello a través de lo cual regresa la primavera. No te doblegues. Sigue adelante sin razones para seguir. Sé fiel a las causas traicionadas. Sé fiel con quienes ya no están. Sigue la norma de Confucio: el hombre de calidad tiene exigencias primero hacia sí mismo, el hombre común las tiene solo hacia los demás. Proclama el deber de tener derechos, el hermoso derecho de tener deberes. Toda existencia es trágica y el mundo es caos pero uno puede darle forma. Lo que hacemos no tiene otro significado que el que le damos.

Nuestros adversarios —personas, tendencias, compulsiones— nunca son fuertes salvo a través de nuestras propias debilidades. No la resignación sino el mantenimiento de nuestra propia libertad. Sigue a Evola: “Haz que aquello sobre lo que no podemos hacer nada tampoco pueda hacernos nada”. Lo más importante es la acción, no quien la emprende; la misión, no quien la cumple. Contra el individualismo, a favor de una impersonalidad activa. La nobleza guarda silencio. Honor, nunca fallar a las normas que uno se ha fijado. La forma en que uno hace las cosas vale más que las cosas mismas. Tanto modales como sencillez, así es el hombre de calidad. Haz lo que debas, no lo que ames. El trabajo como servicio, el deber como destino. No te arrepientas, sino aprende de tus errores. Las justificaciones personales son huidas de uno mismo. Nunca perdones: olvida mucho. Nunca odies, desprecia a menudo.

Contra el utilitarismo. Al emprender algo es secundario tener éxito. Tratar de preservar a toda costa una vida que de todos modos perderemos es un absurdo patético. Uno debe desear solo aquellas cosas a las que es capaz de renunciar. No busques convencer, busca despertar. Da prioridad al alma sobre la mente, a la vida sobre la razón. La relación esencial de la existencia no es la del hombre con el hombre sino la del hombre con el universo. La única manera de adherirse al mundo superior es construirse a uno mismo en analogía con él.

El presente actualiza todos los pasados, potencializa todos los futuros. Aceptar el presente mediante la aceptación jubilosa del instante. Pasado, presente y futuro: las tres perspectivas reales que suceden en cada momento. Hemos de romper definitivamente con la concepción lineal de la historia. Todo lo que hacemos involucra tanto lo ya sucedido como lo que volverá a suceder. Soledad: saber que la paz se encuentra en el centro del movimiento, en el eje de la rueda. Cultiva en ti lo que el hombre de calidad conserva, inmutable, en todas las situaciones: el jen confuciano, el purusha ario, la humanitas romana. La verdadera piedad filial debe extenderse a los antepasados cuya memoria nos rodea. Todos los hombres de calidad son hermanos, sin importar raza, condición social o época.

Alain de Benoist creía en Spengler y el soldado de Pompeya ante la erupción del Vesubio: “Hemos nacido en este tiempo y debemos recorrer el camino hasta el final. No hay otro”.


AQ / MCB

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Fernando Solana Olivares
  • Fernando Solana Olivares
  • (Ciudad de México, 1954). Escritor, editor y periodista. Ha escrito novela, cuento, ensayo literario y narrativo. Concibe el lenguaje como la expresión de la conciencia.
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