Política

‘Narcoterrorismo’

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Hace unos días, el gobierno de Estados Unidos sacó de nuevo a pasear al espantajo del narcoterrorismo para una exhibición en la Conferencia Ministerial Hemisférica de Lucha contra el Terrorismo. Es un número muy aplaudido, porque el monstruo es de verdad feo. En la declaración final, todos dijeron que procurarían evitar “que grupos terroristas se beneficien de la delincuencia organizada”, y todos (Bahamas, Chile, Ecuador, Perú, todos) manifestaron su preocupación “por las actividades que redes de Hezbolá continúan realizando en algunas áreas del hemisferio occidental”. La oscurísima vaguedad del enunciado hace que la amenaza resulte mucho más grave —quién sabe qué actividades, de qué redes, en qué áreas.

La parte cómica también estuvo a cargo del gobierno estadunidense. El secretario de Estado, señor Pompeo, que habla en nombre del señor Trump, dijo que el “antídoto” para esa amenaza es “la solidaridad” entre los países. Todos entendieron la broma.

Entre nosotros, transmitió la voz de alarma Raymundo Riva Palacio en un artículo en que dice que los gobiernos mexicanos han “minimizado” la presencia de Hezbolá en México, y que han seguido “la política del avestruz”. Cierra su denuncia con una frase rotunda: “Afuera están los semáforos rojos. Aquí, preferimos no darnos por enterados”. El texto pinta un panorama espantoso, con información que es para dar miedo —salvo que uno lea el artículo.

Hay dos párrafos que no se entienden, dedicados a la inversión china en proyectos de infraestructura y la elección de Gabriela Cuevas en la muy irrelevante Unión Interparlamentaria. Misteriosos “documentos judiciales” de Estados Unidos (que no son nunca una fuente confiable) dicen que Hezbolá “financió sus actividades militares con dinero de Los Zetas”, y que “a través de esos vínculos” el cártel de Sinaloa envió gente a Irán para aprender a montar coches-bomba. Tiene su chiste, porque sería difícil imaginar algo más absurdo. Va como parte del paisaje.

Luego viene lo sustantivo. Primero: hace 10 años la DEA acusó a un colombiano de origen libanés de participar en el tráfico de drogas, con algunos clientes mexicanos. Y entonces se dijo que Los Zetas manejaban dinero a través del Lebanese Canadian Bank, “varios de cuyos ejecutivos y subsidiarias estaban ligadas a Hezbolá”. Varios, ligados. Aparte de eso, hace 20 años se detuvo a un ciudadano libanés acusado de organizar el paso de migrantes indocumentados a través de Tijuana (migrantes libaneses, que eso es lo peligroso). Más: hace 10 años los estadunidenses impidieron la creación de una red de Hezbolá en Centroamérica, en la que habría habido mexicanos. Y hace ocho años, en Yucatán, se detuvo a tres personas “que se sospechaba pretendían establecer una célula de Hezbolá”.

O sea, en 20 años, un pollero, un banco libanés-canadiense, una posible célula que no existió. Es difícil minimizar eso. Y ningún atentado en Estados Unidos reivindicado por Hezbolá, ni una explicación lógica de por qué podría haberlo.

¿A quién le sirve el ruido? ¿Y para qué?

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Fernando Escalante Gonzalbo
  • Fernando Escalante Gonzalbo
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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