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Domingo , 24.03.2019 / 12:52 Hoy

Juego de espejos

Populismo: aprender en cabeza ajena

Federico Berrueto

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Inglaterra, una de las naciones con mayor tradición democrática vive un mal momento por el populismo. La decisión de salir de la Unión Europea fue precipitada por el agravio de muchos hacia un esquema de integración que cayó en descrédito, situación aprovechada por la derecha nacionalista. Falta mucho por ver, pero lo acontecido es suficiente para advertir al mundo democrático lo que puede provocar un electorado indignado y manipulado. Cada país tiene su propia amenaza y circunstancia. En Estados Unidos Trump es el ejemplo más acabado y también Francia con Marine Le Pen. En España, como en México, el populismo viene de la izquierda. Hoy hay elecciones y se anticipa el protagonismo de Podemos Unidos, una mezcla de comunistas de calle con comunistas de escritorio, que frente a la Unión Europea postula algo semejante que la derecha nacionalista.

La democracia en el mundo ha prohijado ciudadanos manipulables. La edición de ayer del New York Times presenta un artículo de lectura obligada, “Who is to blame for brexit’s appeal? British Newspapers” (“¿Quién es culpable por el atractivo del brexit? Los periódicos británicos”), de Martin Fletcher, quien narra cómo a base de mentiras plenas y medias verdades se fue construyendo en el imaginario popular una visión claramente hostil y manipulada de la Unión Europea. Quien inició la tarea fue un periodista muy exitoso en su mentirosa narrativa, modelo seguido por otros medios. Ese personaje después incursionaría en la política, sería alcalde de Londres, como miembro del Parlamento por el Partido Conservador encabezaría el frente para salir de la Unión Europea. James Cameron, compañero y rival de escuela, le subestimó y seguro de un resultado favorable por la permanencia cedió al plebiscito. El primer ministro Cameron en lágrimas contenidas o consciente de la herida profunda a su país, advierte que la inercia favorece al periodista político, quien arropado del nacionalismo encabeza los pronósticos para reemplazarle, el Trump Británico, Boris Johnson, a quien el diario El País califica como genio y payaso, “es difícil creer que haya en Europa un político más carismático, más erudito o más eficazmente populista”.

La generación de edad mayor definió el resultado a contrapelo de los jóvenes, claramente a favor de la permanencia. Los mayores son los más propensos a la interpelación populista. La economía, el miedo por el terrorismo, la incertidumbre y el rechazo al inmigrante conforman un peligroso coctel, materia prima de líderes sin escrúpulos, mentirosos y de una ambición desbordada.

La democracia no está a salvo del populismo, su peor amenaza. Quienes más abusan de las libertades políticas son los más intolerantes, excluyentes y autoritarios. Gran Bretaña se ha metido en un lío y con ella la Unión Europea y el mundo. Como se ha visto en Inglaterra y en España, el debate no da para exhibir y descubrir a los enemigos mayores de la democracia. Buena culpa la tienen quienes gobiernan o son referente de poder, por su soberbia, por su resistencia a reconocer faltas e insuficiencias y a actuar decididamente frente a ellas. La Unión Europea debió cambiar desde hace tiempo. James Cameron debió anticipar la indignación y la molestia en su país. Confiar menos en las encuestas y más en el sentido profundo de la política. Fue una estupidez resolver las querellas de su partido con una decisión que afecta profunda y gravemente a Gran Bretaña y a su relación con Europa y el mundo.

Ahora debe quedar claro que Donald Trump sí puede ganar la elección presidencial del país vecino y allí sí, el cambio en las reglas del juego afectarían seria y profundamente a nuestro país. Frente a la amenaza es preciso salir de la contemplación, cerrar filas para estar preparados ante el escenario que pudiera presentarse si ganara el señor Donald Trump. Es preciso que la canciller Ruiz Massieu se desdiga y reitere la vigencia plena del principio de la no intervención, además se requiere reactivar la presencia de México en los organismos multilaterales que puedan contener una embestida contra de los intereses nacionales.

El gobierno también debe prever escenarios por un eventual ataque del populismo nacionalista norteamericano. El PRI está más débil que siempre, además de desacreditado como para ser un articulador de la convocatoria hacia un frente común por la soberanía nacional. El llamamiento debe ser incluyente; su motor y sentido debe ser la sociedad y su referente la legalidad democrática.

Queda claro que internamente también hay riesgo. El descontento y la indignación crece por la distancia entre el sistema de gobierno y la sociedad. Las condiciones existentes comprometen no solo a quien gobierna, sino a cualquiera que suscribe la moderación. Al menos internamente, la lección que deja todo lo que ocurre es que cambio que no se conduce, arrolla.

fberruetop@gmail.com

Twitter: @berrueto

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