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Columna de Esteban Garaiz

La Política como la Computación: Un sistema binario

Esteban Garaiz

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A la memoria de Francisco José Múgica, el verdadero líder del proyecto nacional de 1917, ahora desleído por puentes vacacionales

La política, o sea la vida de la polis (y no sólo las intrascendentes trayectorias de los profesionales) es un mundo extremadamente complejo. Como la computación. Los partidarios de la moda actual del voto nulo indiscriminado deben tomar en cuenta que ser un cero a la izquierda de ninguna manera es lo mismo que ser un cero a la derecha en la cifra asignada a los millones.

En lo elemental, también como en el cómputo, la política se reduce a un sistema binario. Sólo a título de ejemplo histórico: La tradicional tensión política en la Gran Bretaña entre conservadores y liberales, al arribar la lucha de clases en el siglo XIX la tensión binaria se desplazó al conflicto entre los mismos conservadores y los laboristas, haciendo a un lado a los liberales y despojándolos de su contenido programático.

Algo semejante acabó ocurriendo en Colombia, Venezuela, Bolivia, Chile, Honduras, Nicaragua o Paraguay. En el caso de Colombia, el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, a días de que sería electo presidente en 1948, desató una guerra civil que todavía hoy no concluye con las negociaciones entre el gobierno y las FARC, sencillamente porque ese país no ha superado todavía el problema central de su pasado colonial: su orden agrario. Con la muerte de Gaitán, liberal que dejó escrito Las ideas socialistas de Colombia, quedó rebasada la dualidad entre liberales y conservadores.

En el caso de nuestro país desde 1989 PRI y PAN, adversarios políticos desde su respectivo nacimiento formal, vienen ahora votando juntitos en 17 ocasiones trascendentes para la vida nacional, cambiando al alimón (con los chiquitos paleros) lo fundamental de la estructura constitucional concebida en 1917 para que superara la ficción de república con “cuatro quintas partes de los mexicanos” excluidos como parias de la vida nacional.

No es gratuito que el ciudadano común hable abiertamente del PRIAN. Hoy la dicotomía nacional está desplazada. En uno de los platillos de la balanza están juntos PRI y PAN desde hace 25 años.

Sólo como ejemplo: de cara a las elecciones de Guadalajara las “mayorías parlamentarias” en el Congreso del Estado de Jalisco han creído procedente lavar y blanquear viejas cuentas pendientes municipales, para lograr lo que ya está rebasado por la historia: quieren que la balanza política de Guadalajara tenga tres platos.

La balanza política, amigos lectores, sólo tiene dos platos. Los tercios en política son, en el mejor de los casos, reliquias históricas. Como el Partido Liberal británico. O como el PSOE español, que primero, al inicio de la democracia en los años 80 desplazó, por la presión de la guerra fría, al Partido Comunista (el verdadero artífice de la democracia en España); y en años recientes en el gobierno, por haber adoptado las políticas neoliberales de moda (hasta ahora) en Europa, perdió el gobierno, y este año ha sido estrepitosamente desplazado por PODEMOS, la fresca izquierda española aliada natural de Syriza triunfante en Grecia, poniendo en jaque las políticas oligárquicas de la Unión Europea.

En nuestro país en el siglo XIX el Partido Moderado de Comonfort quedó barrido por la historia. Tenemos ahora, como es sabido, 7 más 3: en total 10 partidos políticos con registro legal ante el INE, por cierto muy caros a las cuentas que pagamos entre todos (salvo las exoneraciones que sigue dictaminando la Suprema Corte a los grandes).

Pero no está de más recordar otra vez que a la hora de votar las grandes decisiones del Poder Legislativo, las que de verdad afectan la vida de los mexicanos (como la hundida remuneración al factor trabajo del 99 por ciento que nos ganamos la vida honradamente) se toman a favor o en contra: no hay matices ni terceros.

Todo el mundo sabe quiénes han votado a favor y quiénes en contra de las reformas de 2013: dos parcialidades reales; sólo dos.

La complejidad viene de la acumulación de decisiones binarias. Temas binarios como el aborto o el matrimonio homosexual no pueden tener el carácter central y definitorio de la justicia en la auténtica moral pública. La terrible inequidad redunda en muchos otros males graves como la espantosa mortalidad infantil.

Aun para espíritus profundamente religiosos, como es el caso de la mayoría de las ciudadanas y ciudadanos mexicanos, la ponderación moral de la justicia social o de los derechos de cada persona humana acaba prevaleciendo sobre valoraciones dogmáticas.

Las abstenciones siempre inclinan la balanza a favor o en contra. Nunca son neutras. No hay decisiones intermedias. En el México de hoy sólo hay dos proyectos nacionales.

www.estebangaraiz.org

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