Política

Sólo por hoy

  • Un día a la vez
  • Sólo por hoy
  • Erika Ramírez Rodríguez

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Con insistencia se recomienda vivir un día a la vez, soltar el pasado y no anticipar el futuro. 

La frase suena muy luminosa, pero llevarla a la vida cotidiana es otra historia. 

Habitar en el presente no resulta fácil, cuando en el pasado viven los nombres de quienes que ya no están. 

Es en el pasado donde habitan las ausencias, las despedidas, las pérdidas que no terminan de acomodarse. 

Mientras que en el futuro se proyectan los anhelos, los pendientes,- los algún día - que son los que sostienen la esperanza. Entre ambos extremos, el presente suele convertirse en un territorio frágil.

Vamos y venimos entre emociones, entre recuerdos y anticipaciones, por eso pretender simplemente no pensar en el pasado puede convertirse en una exigencia poco realista, incluso injusta.

El pasado no sólo se recuerda, se siente y cuando hay pérdidas se sigue sintiendo.

Por otro lado, el futuro tampoco es un territorio vacío. Es ahí donde colocamos el sentido, donde imaginamos la vida que aún queremos construir. Viktor Frankl sostenía que el ser humano necesita un “para qué” para seguir adelante. 

El problema no es pensar en el futuro, sino quedar atrapados en la ansiedad de lo que aún no llega.

Entonces, ¿cómo vivir un día a la vez sin negar nuestra historia, ni cancelar nuestra esperanza?

Quizá la respuesta no está en borrar el pasado ni en evitar el futuro, sino en aprender a sostenerlos desde el presente.

En ese sentido, la filosofía de Alcohólicos Anónimos ofrece una clave poderosa: sólo por hoy. 

No como la negación del mañana, sino como una estrategia emocional para hacerlo manejable. 

Sólo por hoy no bebo, sólo por hoy resisto, sólo por hoy me sostengo.

Sólo por hoy puede convertirse entonces en un puente: sólo por hoy me permito extrañar sin romperme, sólo por hoy honro lo que perdí, sólo por hoy intento estar aquí.

No se trata de una lista de propósitos vacíos: sonreír, no enojarse, ser feliz. Sino tratar de reconocer que hay días en los que apenas podemos sostenernos, y que eso también es parte del proceso.

Vivir un día a la vez desde el duelo no es una consigna optimista. Es un acto de resistencia emocional.

Porque al final, el presente no es la ausencia de pasado ni la negación del futuro. Es el único espacio donde podemos integrar ambos sin perdernos.

Y tal vez ahí, en ese sólo por hoy que se repite con humildad, comienza una forma más humana de seguir viviendo


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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