Aquella tarde de sábado, Ana Keren llamó a Mario, su ex, para platicar. Ataviado con una playera azul estampada y jeans, fue a verla al centro de Ciudad Madero, en el mercado.
Todo parecía normal, una tarde de chicos. Se comunicó con sus padres a las 20:47 diciéndoles que estaba en la colonia Cascajal... pero eso fue todo, no regresó a casa ni contestó llamadas.
Su familia lo buscó calle tras calle. El rostro del chico universitario estuvo en postes y redes sociales, y en sus rezos.
Durante 48 días no se supo nada de él hasta que fue encontrado, sin vida y en pedazos.
“Mario ya está con nosotros otra vez, aunque no como hubiéramos querido”, dijo su padre el pasado jueves, día en que les fue entregado el resultado de las pruebas de ADN.
La indagatoria tiene como línea de investigación principal un móvil pasional por parte de Ana Keren y Gilberto, actual novio de la chica, y un tercer implicado, César Adrián... Todo esto través de un asesinato cruelmente planeado. La crueldad no tiene exclusividad de edad o en la madurez, y lo que pareciera una tarde en “cosas de chicos” fue aparentemente un plan con base en lo que debiera ser solo un jocoso celo juvenil. Lo mataron, lo mutilaron. La violencia, tristemente normalizada en la sociedad, permite que se emulen modelos que parecían exclusivos de las bandas criminales, y que inclusive las propias autoridades toman con cautela al asumir “patentes” del crimen organizado.
Si bien, no es que este contexto social lo haga permisivo, sí cede cierta ligereza para que los sentimientos de odio se descarguen con mayor facilidad y con un mayúsculo grado de agresión.
Añadiría que es también, la debilidad del sistema mexicano en seguridad y justicia, un aliciente para que cualquier ciudadano se alíe con uno o unos, y del ímpetu y la inexperiencia se avienten a extorsionar, asaltar, secuestrar, matar; saciar los instintos oscuros del ser humano.
Y esto no tiene que ver con que la narcocultura “eduque” o sugestione a potenciales criminales.
Hay que preguntarse, ¿cuántos de los más de 7 mil desaparecidos en Tamaulipas o los 40 mil en el país pasaron por las manos de algún conocido?