Advertir las pequeñas obras de los grandes escritores es una virtud que el lector desarrolla. Como leer Fiesta antes que El viejo y el mar de Ernest Hemingway, El libro de Monelle que Vidas imaginarias de Marcel Schwob, El contrabajo que El perfume de Patrick Süskind y Un amor que destruye ciudades (Libros del Asteroide, 2016) y luego cualquier otro libro de Eileen Chang (China, 1920-EU, 1995). Este volumen, por primera vez traducido al español, junta dos de sus piezas representativas, pues además de la que lleva por título incluye el relato “Bloqueados”.
Chang posee una cualidad que pocos admiten como tal: don de gente; expresa lo ajeno con empatía, habla de lo común usando un tono que no resulta irrisorio. Sí, “la suya era una belleza incierta, que pareciera cuidarse siempre de no ofender”. Rompió el récord de la realización profesional en una época que, con todo y los triunfos feministas, estaba limitada. No tuvo que decidir entre trabajar, ser esposa o novelista, porque hizo las tres cosas.
Emigrante, prófuga del régimen comunista, es un atrevimiento pensar que abandonó China porque iba en búsqueda de la felicidad a Estados Unidos; en ningún texto la menciona como fin en sí mismo, pero habla del amor. Esta novela cuenta la trayectoria que llevó a un rico heredero recién llegado de Londres, vía Hong Kong, a Shanghái, cuyo plan no era encontrarse con una mujer que ni siquiera sabía que existía.
Fan Liuyuan tenía intenciones de conocer a alguien distinta y, sin embargo, queda prendado de Liusu: demasiado joven para estar divorciada y muy apasionada para eludir amar de nuevo. Chang crea un margen de entendimiento en una historia que reúne elementos con que ser muy compleja. Ambos personajes optan por apostar el futuro solo cuando concluyen que prefieren dejar de interpretar el papel que representan, anhelantes del premio que codician ferozmente: amarse. De tal manera que los agravios, padecidos por separado, estando juntos desaparezcan.
¿Qué le agradó de ella? ¿Por qué alguien de “gustos exclusivos” osa enamorarse de una figura esbelta, como de adolescente? Pudiendo quedar con una princesa india, exuberante, Liuyuan elige la autenticidad china, la elegancia de lo grácil. Esta unión prospera contra el pronóstico del sentido común. Urdiendo intrigas y ardides, Chang nos conduce de un apacible verano hacia la guerra, “donde el hombre civilizado, sin memoria, andaba a tientas en las tinieblas crepusculares” buscando algo, “aunque en realidad no quedaba nada” que encontrar.