Política

¿Cómo las frases cortas conquistaron el poder y tu mente?

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Te has preguntado alguna vez, ¿por qué frases políticas tan simples se vuelven pegajosas y virales? ¿Por qué líderes como Trump, Le Pen, López Obrador o Milei son tan efectivos con expresiones que aisladas pueden parecer hasta estúpidas? “Hacer a América grande otra vez”, “Abrazos no balazos”, “chairos y fifís”. Hay muchas variables que buscan explicar estos cambios en la comunicación política. Por qué pasamos de la complejidad del pasado a la política simplona del presente. A todo lo que se ha escrito, añado una explicación más: el mundo –y México– dejó de leer.

Rose Horowitch escribió un texto reciente en la revista The Atlantic que titula en español: el final de la lectura ya es aquí. Es un artículo altamente recomendable y que introduce un elemento muy interesante: el mundo pasó de la cultura escrita a la cultura oral, porque lo que leemos son básicamente mensajes de WhatsApp o publicaciones en Facebook. Sólo en Estados Unidos, de acuerdo con la autora, ha habido un descenso de 40% en la lectura en las últimas dos décadas. Entre los países de la OCDE, la caída de los niveles de lectura es de 15% de 2018 a la fecha y en México el 80.4% señala que su único hábito de lectura es en las redes sociales. Algo interesante que destaca Horowitch es que los libros más vendidos que recomienda el New York Times son más cortos y las frases que construyen el texto son un tercio más breves. 

Estos hábitos de lectura son el contexto en donde la política populista ha crecido. Marshall McLuhan –en 1964– enarboló su famosa frase: el medio es el mensaje. Hay quien considera que la aparición de las redes sociales y la inteligencia artificial supone cambios parecidos al ascenso de la televisión o la radio en su momento. Es decir, que sólo son medios distintos de comunicar como cualquier otro, pero que no estamos frente a una revolución política, comunicativa y neurológica. Se equivocan. La neurociencia y la psicología llevan al menos una década estudiando el impacto de las tecnologías digitales en nuestro cerebro. Los hallazgos son evidentes: baja atención, incapacidad para concentrarse, cultura oral, cerebro perezoso, apuesta por la facilidad, mala gestión del aburrimiento, etc.

Los líderes populistas y sus extensos grupos de consultores saben esto. Saben que nuestra sociedad opera bajo estas reglas impuestas por el mundo digital. Entienden que nuestra atención es el activo más importante en la política. Reflexionemos. ¿Qué vende Instagram o X o Facebook o Tik Tok? Nuestra atención. El periodista Chris Hayes escribió en 2025 un libro titulado The Sirens' Call: How Attention Became the World's Most Endangered Resource. El principal argumento, como su título lo anticipa, es que: la atención se ha convertido en la mercancía y el recurso definitorio de nuestra época. La política se ha transformado, exigiendo que los líderes políticos sean más influencers que gobernantes o legisladores. Frases cortas y explosivas. Discursos que activen las partes más sensoriales del cerebro. Y es que políticos que buscan explicar a profundidad los problemas de un país como el exprimer ministro de Reino Unido, Keir Starmer, o el propio presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron, son fósiles.

Entendemos que la participación ciudadana es fundamental para proteger la democracia. Organización comunitaria, estructuración barrial o exigencia política. Es decir, a pesar de la apatía mexicana, sabemos que sin ciudadanía aparece la dictadura. El poder necesita contrapesos. Necesita saber que hay una ciudadanía libre que no tolera actos de corrupción ni tampoco el autoritarismo.

No obstante, se nos escapa la relación entre la lectura y la democracia. La imprenta, el acceso a los libros, la masificación de los periódicos son el origen de la cultura democrática y la lucha por los derechos civiles. Los panfletos o publicaciones partidistas. La lectura es el eje del pensamiento crítico. Es imposible entender la política en su complejidad sin los laberintos del pensamiento crítico. Si no leemos, y tampoco escribimos –otro de los efectos de la inteligencia artificial–, nos volvemos en amantes de las respuestas fáciles. De las teorías de la conspiración. Odiamos las explicaciones y nuestro cerebro está programado para el gancho de las frases pegajosas sin sustancia.

¿Quieres crear demócratas? ¿Quieres ser una persona que contribuya al bien común? Comienza por desconectarte del scrolling de las redes sociales y abre los libros. Una apuesta democrática contemporánea es tu lucha por recuperar tu atención. Por enseñar a tu cerebro que la política es compleja y no debe dejarse seducir por las frases cortas carentes de significado y sustancia. No leer es abrirle la puerta a Trump, Le Pen o López Obrador y sus simplificaciones absurdas. No es el único factor –porque hay explicaciones económicas e ideológicas muy complejas–, no obstante nuestra era posliteraria es el caldo de cultivo para el populismo y la demagogia. Lee y escribe a profundidad, son tu escudo frente a una época de banalidad y simplicidad.


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Enrique Toussaint
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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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