Política

El valor de cada gota

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  • El valor de cada gota
  • Enrique Martínez y Morales

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Hace 25 años, abrir la llave y encontrar agua no era seguro para miles de familias saltillenses. 

Apenas uno de cada diez habitantes tenía servicio diario y el suministro promedio era de cuatro horas. Las fugas y la falta de inversión desperdiciaban más de la mitad del vital líquido.

Vivimos en una región semidesértica, sin ríos permanentes ni grandes presas. Nuestra orografía tampoco ayuda a retener la lluvia. Aquí, cada gota cuenta.

En ese escenario nació Aguas de Saltillo, empresa mixta que combinó la responsabilidad pública con la experiencia privada. El municipio conservó la mayoría accionaria, inicialmente del 51% y hoy del 55%; Veolia posee el 45% restante.

Hubo resistencias en un principio, sobre todos de quienes no la pagaban, pero finalmente entendieron que el agua más cara es la que no se tiene.

En 2001 se atendía a unos 500 mil habitantes; hoy, a más de un millón. 

La población atendida se duplicó, mientras la extracción aumentó apenas 58%. Se logró hacer más con un recurso escaso.

Los habitantes con agua todos los días pasaron del 10 al 70%; las horas promedio de suministro, de cuatro a catorce; la eficiencia global, del 27 al 77%, y la cobertura alcanza el 98%.

Detrás de estos avances hay inversión, tecnología, detección de fugas y una gestión profesional. Pero, sobre todo, familias que dejaron de vivir pendientes de cuándo llegaría el agua.

Hay también una lección institucional. Aguas de Saltillo ha trascendido gobiernos y partidos. 

Demuestra que la colaboración de gobierno, sociedad e iniciativa privada funciona cuando existen objetivos claros, vigilancia y continuidad. El pago generalizado ayuda a mantener recibos entre los más bajos del país.

El trabajo no está terminado. El crecimiento urbano y el clima exigirán nuevas inversiones y mayor cuidado de nuestros acuíferos.

En un país donde tantas ciudades padecen crisis de abastecimiento, la experiencia de Saltillo merece estudiarse y adaptarse a otras realidades. 

La escasez puede ser una condición de la naturaleza, pero la improvisación y la ineficiencia no tienen por qué ser nuestro destino.

Saltillo no avanzó porque le sobre el agua, sino porque aprendió a administrarla mejor. Esa es una de las lecciones más valiosas que nuestra ciudad puede ofrecerle a México.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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