Sociedad

Al mal tiempo dale vuelta

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Janice quiso que la llevaran de paseo y a comprar un block de papel bond para los dibujos que con frecuencia se le ocurren. El vagote del tío Julián fue elegido para que hiciera el favor de llevarla, y le dieron dinero para los camiones y para que por allá almorzaran.

Fue la primera vez que Janice vio la ciudad con otros ojos, sin que la mano de su madre asiera la suya, como protección. Y se detenía ante aquello que llamaba su atención, sin prisa, curiosa, sorprendida.

Una pechuga de pollo para cada quien, asada a la plancha, decidieron desayunar, mientras los comercios abrían sus puertas. También un refresco para pasar bocado.

Luego fueron a curiosear aparadores y entraron a una papelería para adquirir las hojas en la que le da por dibujar escenas que le vienen a la cabeza y que presume una vez que ha concluido los trazos.

La Ciudad de México rebulle en la esquina de Madero y Eje Central. Un mar de gente se apresta para cruzar la avenida y lo hacen sin rozarse, con prisa o a sus anchas, con calma, displicente.

En el Zócalo se levantan las carpas que albergan a la feria del libro que año con año aquí se realiza. Uno de los expositores se queja de la escasa venta de libros:

—Y es que mientras los de arriba dicen que todo está muy bien, los de abajo sabemos que no es así porque lo que llevas en el bolsillo no te alcanza más que para el elemental y no para darte el lujo de la lectura… Con todo, si la llevamos, mi cuate: escoge a ver qué te llevas, cómprale algo a la niña para que le agarre el gusto a los libros…

Julián escucha las diatribas del librero, mientras Janice curiosea el contenido de los anaqueles y se decide por algún título.

Se atribuye a la escritora Emily Dickinson haber dicho que «Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro», y a la feria del libro del Zócalo de la Ciudad de México concurren cientos de viajeros que buscan otras rutas para emprender la marcha hacia horizontes de lectura nuevos o ya transitados, con la intención de reforzar o descubrir en los libros aspectos de la existencia en otros lares, en nuevos ámbitos.

Los lectores hurgan en los estantes, escarban entre los alteros de libros que se le ofrecen como un mundo infinito donde siempre habrá novedades y sorpresas, autores noveles o consagrados que brindan más páginas para ampliar su visión de la realidad propia y ajena.

—Es bueno que a la muchacha le guste ojear los ejemplares, amigo: de la vista nace el amor. Ojalá que las ventas fueran como uno quisiera, pero como sea ahí la vamos pasando. Ferias como esta contradicen a quienes pontifican y sentencian que la gente no lee. Quizá no tanto como yo quisiera, pero saco para llenar la panza y pagar la renta del espacio. Ya sabes que el que no se mueve, se oxida.

Janice busca completar su colección de mangas, mientras su tío el vagote entabla plática con uno de los expositores, quien resultó ser un excompañero de trabajo que decidió autoemplearse para sobrevivir en la metrópoli, donde escasea la oferta laboral para quienes arriban al séptimo piso de edad, que promete más achaques y menos oportunidades laborales, y obligan a repetir aquella frase de los abuelos: “Al mal tiempo, buena cara”. 


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Emiliano Pérez Cruz
  • Emiliano Pérez Cruz
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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