Para no ser iguales, cómo se parecen.
Dejemos de lado los contratos de Pemex a la prima Felipa del Presidente (que, por cierto, rescindieron por la publicación periodística y no porque la Secretaría de la Función Pública investigara quiénes conformaban la empresa y el claro conflicto de intereses); o los contratos millonarios y a sobreprecio que la gestión amloísta otorgó a 18 empresas fantasma, revelados por Sandra Romandía; o, hablando de familiares y SFP, la tapicería de espectaculares en Acapulco del aspirante a la gubernatura Amílcar Sandoval, hermano de Irma Eréndira, “al estilo de Montiel o Moreno Valle con el truco de la portada de revista”, reportó Carolina Rocha, o la ilusión calderonesca de la militarización de la seguridad pública, corregida, aumentada y emperifollada en el reciente mensaje del 1 de diciembre.
Olvidemos por un momento esas acciones, tan arraigadas en sexenios pasados, para enfocarnos en otro evento de los últimos días. El viernes, los de ahora sostuvieron los dichos de los de antes en torno a una de las agresiones aberrantes que describen los tiempos que nos han marcado y que no cesan: el doloroso fin de Ernestina Ascencio Rosario, el 25 de febrero de 2007, a pocos metros de un campamento militar en la sierra de Zongolica, Veracruz.
Representantes de la administración de AMLO recetaron la fórmula de Felipe Calderón. Volvieron a negar que Ernestina muriera a causa de la brutal violación perpetrada por soldados. De nueva cuenta hicieron caso omiso de los primeros dictámenes y peritajes que registraron golpes, hematomas, desgarres a nivel rectal, presencia de líquido seminal, fracturas, etcétera. No dieron voz a la víctima de 73 años de edad al silenciar sus últimas palabras. Tampoco escucharon hoy el testimonio del perito que afirmó que Calderón Hinojosa y Fidel Herrera decidieron modificar la versión.
Una vez más, el gobierno insistió en esa postura de Felipe y Fidel. Solo que, en esta ocasión, lo tuvo que hacer frente a miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
La abogada Carmen Herrera me comentó que el caso podría llegar a la Corte Interamericana de DDHH. El Estado mexicano tendrá nuevamente, tarde o temprano, que responder ante la historia. Les digo, para no ser iguales…
Aquí entre nos
No tienen palabra. El PAN se rasgó las vestiduras por las corruptelas del PRI en el sexenio pasado y ahora resulta que van en alianza en algunos estados.
@elisaalanis
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