Cuando era niña mi madre nos leyó un cuento que hizo famoso Hans Christian Andersen: El traje nuevo del emperador.
La historia deja varias moralejas. Entre ellas: no debemos creer que algo es verdad solo porque muchos lo dicen.
Ante la ferviente afición del rey por la ropa, a dos estafadores se les ocurre fabricar una vestimenta exquisita, cuya maravillosa tela es invisible a los ojos de la estupidez. El monarca y su séquito no se atreven a confesar que no la ven. Durante un desfile, la muchedumbre alaba la nueva indumentaria de su majestad. Hasta que un niño grita: “¡El emperador va desnudo!”.
En el México del siglo XXI, el Presidente sale cada mañana a repetir una narrativa con los mismos argumentos y, de vez en cuando, distintos personajes: trata de los neoliberales opositores a quienes hay que culpar y exhibir porque quieren dañarlo.
Todo gira en torno a él.
Desacredita, difama o calumnia a sus críticos: periodistas, científicos, académicos, ministros, ambientalistas, consejeros, feministas, activistas. Los llama traidores, mentirosos.
Aplica la estrategia de señalar lo que a él le podrían imputar.
Es condescendiente con Putin, con el Chapo (como cuando lo encarcelaron), con Trump (repitió ayer que le cae bien), con Peña Nieto (que lo respeta por no meterse en las elecciones).
Respalda a Cienfuegos, Bartlett, Félix Salgado, Quirino, Gertz Manero, Arturo Zaldívar, Cuauhtémoc Blanco, Cuitláhuac García, Jaime Bonilla, Álvarez-Buylla, al Ejército, a su hijo, a su hermano…
Habla poco de la crisis humanitaria, desapariciones, feminicidios, homicidios, trata, narcotráfico, lavado de dinero. Dice que ya no hay masacres ni impunidad. Promueve dogmáticamente sus obras: Tren Maya, AIFA, Dos Bocas.
Se confeccionó un atuendo de Cuarta Transformación adornado con mensajes matutinos. Sus subalternos o seguidores lo secundan sin chistar, como Claudia Sheinbaum. Otros miden un poco, solo un poco, sus palabras, como Marcelo Ebrard.
¿Alguien en la audiencia gritará “AMLO va desnudo”?
Aquí entre nos
Mientras López Obrador informa que no recibirá en Palacio a ambientalistas y actores que denuncian el daño que causa un tramo de la construcción del Tren Maya a la selva y al acuífero, en Ciudad de México se organiza un magno evento para despedir a la palmera de Paseo de la Reforma.
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