Política

Al PRIAN “se le volteó el chirrión por el palito”

Al PRI y al PAN los hermanó el proyecto de nación neoliberal salinista. La defensa a morir que hizo el PAN del cuestionado triunfo electoral de Salinas de Gortari fue el acto solemne con el que se pontificó el alumbramiento del PRIAN; un acto que, por cierto, fue purificado con la caída del sistema y la quema de las boletas electorales.

A partir de entonces, las diferencias ideológicas de estos partidos se hicieron a un lado para desarticular el Estado de bienestar y crear la infraestructura jurídica necesaria para insertar a México en la globalización económica neoliberal.

El PRI, antes defensor del Estado social de derecho, dio la espalda a los valores constitucionales emanados de la Revolución de 1910 para escribir sobre las garantías sociales contenidas en los artículos 3º, 4º, 27 y 123 constitucionales los fundamentos (también constitucionales) del nuevo sistema económico neoliberal; y el PAN, defensor del modelo de Estado confesional, hizo a un lado su humanismo beato, no bioético, como presume en su declaración de principios, para arrodillarse junto con el PRI ante el becerro de oro de la globalización económica neoliberal.

Y como era de esperarse, para hacer las reformas jurídicas estructurales que pedía el nuevo Estado mínimo al servicio de las corporaciones transnacionales, era necesario contar con la mayoría absoluta en las Cámaras de Diputados.

En esta nueva realidad no era posible realizar los cambios legislativos en un sexenio. Y para asegurarse de tener bien agarrado el “chirrión por el palito”, el PRIAN estableció en la reforma electoral de 1990 (Artículo 54 de la Constitución, inciso c) la famosa cláusula de gobernabilidad en los siguientes términos:

“Al partido político que obtenga el mayor número de constancias de mayoría y el treinta y cinco por ciento de la votación nacional le será otorgada constancia de asignación de diputados en número suficiente para alcanzar la mayoría absoluta de la Cámara. Se le asignarán también dos diputados de representación proporcional, adicionalmente a la mayoría absoluta, por cada uno por ciento de votación obtenida por encima del treinta y cinco por ciento y hasta menos del sesenta por ciento, en la forma que determine la ley”(D. O. F. 6-4-1990).

A decir verdad, la referida cláusula no fue creada por la LIV Legislatura (1988-1991), sino, con una ligera diferencia, por la LIII; es decir, en la reforma electoral impulsada por Miguel de la Madrid (D. O. F., 15-12-1986), pero pasó inadvertida a las izquierdas. Hasta el inicio del sexenio de Salinas se advirtió su existencia, fue muy criticada por la oposición de las izquierdas y pocos connotados panistas que aún había; en su defensa, los intelectuales orgánicos del régimen salinista, que hoy lo son de los poderes fácticos, argumentaron que la susodicha cláusula era necesaria para garantizar la gobernabilidad del Estado mexicano.

Y en efecto, gracias a esta cláusula y al apoyo de los legisladores panistas fue posible a Salinas la aprobación de su paquete de reformas legislativas, ya que por primera vez en la historia, en las elecciones federales de 1988 el PRI no obtuvo mayoría absoluta en la Cámara de Diputados con los votos depositados en las urnas, sino por medio de la asignación de diputados en número suficiente para que alcanzara la mayoría absoluta, de acuerdo a la fórmula establecida en la cláusula de gobernabilidad.

Así que no sé si por descuido o de manera intencional, pero el Consejero del INE Ciro Murayama no dice la verdad cuando afirma en la revista Nexos que “no fue sino hasta 1997 cuando los partidos de oposición lograron más diputados que el partido del Presidente, entonces del PRI”, porque, con fundamento en la fórmula de repartición de los diputados plurinominales establecida en el Artículo 54 de la reforma de 1986, si ningún partido alcanzaba el 51% de la votación nacional se tenía que asignar al partido que obtuviera el mayor número de constancias de mayoría el número de diputados plurinominales que fuera suficiente para alcanzar la mayoría absoluta, y como es sabido, Carlos Salinas alcanzó el 50.36%.

Y es en este punto donde, al volteársele al PRIAN el chirrión por el palito con el triunfo arrollador de AMLO, los defensores del proyecto de nación salinista caen en graves contradicciones; antes era importante el respeto a la cláusula de gobernabilidad para que el Presidente sacara adelante su proyecto de nación.

Hoy no es así, no obstante que en la elección de 2018 AMLO obtuvo el 53.19% de la votación el cálculo matemático dice que hay sobrerrepresentación de Morena. Hoy mayoría absoluta significa excesiva concentración de poder del Presidente, ruptura de equilibrios, ya no es garantía de gobernabilidad.

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Efrén Vázquez Esquivel
  • Efrén Vázquez Esquivel
  • efren23@hotmail.com
  • El autor es director científico de la Academia Mexicana de Metodología Jurídica y Enseñanza del Derecho, AC.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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