Lo que está pasando con la alcaldesa de Tenancingo, Nancy Nápoles, es una muestra de que los partidos políticos no saben elegir a sus candidatos y los postulan por compromisos políticos o económicos, o bien porque el objetivo es ganar ganar, sin importar el daño que le hagan a la población.
Nápoles está, se dice popularmente, como gato boca arriba. Se dice inocente –es su derecho- a pesar de que todas las pistas apuntan al autosecuestro. Ya lo que ella dice de que las finanzas públicas municipales están en orden y que no hay faltante en las arcas de Tenancingo, bueno, eso lo tendrá que demostrar. Lo que difícilmente podrá negar es el intento de sorprender a las autoridades con una privación ilegal de libertad hacia su persona, que no existió.
Encima, señalar a autoridades de una presunta persecución política, es otro de los argumentos que se le caen, por la forma tan burda y tan inocente, por no decir otra palabra, como se planeó el fallido “secuestro”.
No se vale que se tenga que hacer uso de esas artimañas para llamar la atención, y buscar impunidad y ahora reclame a alguien más de ser responsable de lo que está viviendo ahora.
La Fiscalía tiene que cumplir con la investigación y, si la alcaldesa cometió un delito, debe ser indiciada para seguir un proceso. No hay de otra, sea cual sea. Y es que todo apunta a que cometió un delito que es penado, como es una falsa declaración, y ojalá se aplique la ley.
La propia Fiscalía general de Justicia del Estado de México, que encabeza José Luis Cervantes, ha advertido en este contexto que el delito de simulación de secuestro puede ser castigado con penas que van de 4 a 16 años de cárcel para el caso de los falsos plagiarios y con 700 jornadas de trabajo comunitario para la alcaldesa por fingir que fue víctima de este delito. En caso de comprobarse su culpabilidad ¿El castigo será suficiente?
El caso refleja claramente de lo que los partidos políticos adolecen: ética. Anteponen intereses y postulan a la gente que no lo merece y se olvidan de sus cuadros porque no responden a su beneficio.
Es tiempo de poner orden y de respetar a los electores ¿No cree usted?