Las zonas turísticas, cuyo encanto es su clima atractivo, los paisajes que brinda la naturaleza o su riqueza arquitectónica y otros, en muchos casos suman a esto la riqueza forestal que poseen.
Tal vez el caso de Valle de Bravo, Malinalco, Amanalco, Ixtapan de la Sal, Tenancingo y Villa de Allende, entre otros, todos con una inmensa riqueza forestal. Pero justo eso ha despertado la ambición de unos cuantos para hacer fortunas enormes a costa de dañar los bosques.
Lamentablemente la rapiña inmobiliaria ha generado pérdida de áreas forestales con tal de ganar dinero, creando fraccionamientos, residenciales de descanso, y con ello, minando los espacios verdes e incluso desplazando a las personas originarias de las comunidades que otrora fueron tradicionales y hoy son exclusivos espacios residenciales.
Malinalco es otro municipio que también ha sido afectado por esos voraces inmobiliarios cuyo apetito es imposible de satisfacer, porque tan pronto fraccionan un cerro cuando ya están adquiriendo la parte de otro predio para seguir haciendo más inmuebles.
Hasta el momento solo ha habido una actuación de la Profepa y de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales en el caso de Valle de Bravo, donde se clausuró una obra que desarrollaba un complejo inmobiliario, pero hay más.
En Malinalco pasó lo mismo, solamente se ha sancionado a un fraccionamiento. Igualmente ocurrió en Tenancingo y en Amanalco, donde solamente son casos específicos, pero que la realidad es que se están extendiendo más y más. Los fraccionadores argumentan que los predios los obtuvieron producto de negociaciones con los ejidatarios, quienes les dieron la posesión.
Tal parece que clausurar un fraccionamiento es la finta o la fachada de que se está trabajando y se está impidiendo el desarrollo de estos espacios inmobiliarios, pero la realidad es que, mientras se clausura uno, se siguen construyendo diez.
Obviamente los problemas para los municipios más adelante no solo será la gentrificación, sino la incapacidad para dotar de los servicios públicos como agua, drenaje, vías de comunicación y otros.
No se ha visto voluntad por parte de las autoridades para frenar estos ecocidios a los bosques mexiquenses. De seguir así sin actuar, en 10 años habrá más casas que árboles en los mencionados municipios, y eso claramente es lamentable. La rapiña inmobiliaria no tiene límites.