Política

TEMPLETE

Que dicen los enterados que en el escritorio del alcalde de Torreón, Román Alberto Cepeda González, ya no hay mucho margen para patear el balón en el tema del transporte público. Y es que aunque públicamente se habla de mesas de trabajo y análisis técnicos, por debajo de la mesa ya estaría prácticamente “planchado” el incremento diferenciado a la tarifa, con todo y sus bemoles.

Cuentan que la famosa “tercería” que revisa los números no llegó a improvisar, sino con una ruta muy clara: justificar el ajuste con base en el alza del diésel y los costos operativos. Eso sí, el aumento no será parejo, sino que irá amarrado a las unidades nuevas, lo que abre otra historia: ¿quiénes sí podrán cumplir y quiénes se quedarán fuera del beneficio?


Que en corto, los concesionarios traen prisa y presión, mientras que la autoridad busca que el golpe no sea tan duro para el usuario. El plazo de mediados de abril no es casualidad: ahí se cruzan intereses técnicos, políticos y sociales. Así que más que una decisión, lo que viene es un delicado equilibrio o un nuevo frente de inconformidad.


Que al interior de la presidencia, de Torreón hay voces que reprochan actitudes negativas de algunos personajes, quienes en lugar de apostar por la coordinación con la iniciativa privada, el Gobierno del Estado y otros actores que hoy están generando resultados, optan por rutas más confrontativas, poco alineadas con lo que actualmente demanda La Laguna.


Que en ese contexto, Luis Cuerda ha privilegiado una dinámica crítica, en reuniones y posicionamientos que contrastan con el ambiente de colaboración de muchos sectores. Plantear que existe un descontento generalizado entre los laguneros parece, más bien, una interpretación parcial del momento. Predomina, en muchos espacios, la expectativa de estabilidad, acuerdos y continuidad en los avances, por encima de esquemas de confrontación que poco abonan al escenario actual.

Lo relevante es que este tipo de posturas, lejos de fortalecer, pueden terminar por complicar los esfuerzos del propio gobierno municipal, en un momento donde la suma de voluntades resulta clave.


Que el expetista Gerardo Calvillo llegó echando tiros al Distrito XI, donde contenderá por una curul del Congreso del Estado. Al confirmar este lunes en redes sociales su participación para las elecciones del 7 de junio, por el Partido Verde, siempre y cuando los militantes y simpatizantes lo decidan, declaró que a él no lo propone ni impone su esposa ni su papá, en evidente alusión al morenista Fernando Hernández y al priista Hugo Dávila, en ese orden.

Más noche alguien le arrojó una veladora cuando casi entraba a su casa. Es muy difícil que Calvillo gane la diputación, pero seguramente contribuirá para que la campaña no sea tan aburrida.


templete@milenio.com

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