Que casi una semana le tomó a la alcaldesa de Acambay, Angélica Colín Pacheco, dar un mensaje oficial luego de que 12 de sus policías municipales, entre ellos el comisario, fueron detenidos tras el enfrentamiento con estatales que investigaban un robo de vehículo. Afirmó que “respetan el trabajo de las instituciones, con quienes mantienen colaboración para el esclarecimiento del caso”. Pues nada más faltaba que no.
Dado que en la actual administración ya han sido detenidos dos directores de seguridad, quizá las indagatorias pudieran responder una pregunta fundamental: ¿Con qué recomendación o criterio la presidenta Colín nombró en un área clave a quien luego resultó extorsionador, y posteriormente lo suplió con el líder de una célula involucrada en el robo de vehículos? ¿Fue pura mala suerte?
Que hablando de inseguridad, dan a conocer que en el Edomex, grupos dedicados a la extorsión y al fraude telefónico intentaron obtener casi 10 millones de pesos nada más entre el 20 y el 26 de noviembre. Las autoridades presumen que se evitó el pago de 90% de lo exigido, “por las alertas y denuncia ciudadana” que permitieron reaccionar. ¿Algún detenido por casualidad (aunque el origen de la llamada sea la prisión misma)? Cuando la única consecuencia es no “cobrar su dinero”, quizá los delincuentes sienten que no pasa nada.
Que en el caso de la desaparición del joven Jeshua Cisneros, en las inmediaciones de la autopista México-Querétaro, las investigaciones continúan e industrias asentadas en esa vía buscan coadyuvar. Ayer la empresa Alpura, además de solidarizarse con la familia, reafirmó su compromiso de apoyar a las autoridades en todo lo que corresponda, y ha estado colaborando; “deseamos que Jeshua sea localizado pronto y que su familia encuentre respuestas lo antes posible”, expresaron en un mensaje.
Que los transportistas ahora se quejan de que el descuento de 2 pesos para adultos mayores en la tarifa “resulta complicado” al aplicarse, ya que sus unidades tienen contadores que no distinguen edad. Primero dijeron que sí a todo con tal de que les autorizaran el alza en el cobro, y ahora las lágrimas de cocodrilo porque resulta que no leyeron las letras chiquitas.