Que las observaciones por 721 millones 883 mil 140.33 pesos realizadas por la Auditoría Superior de la Federación al gobierno estatal no generan inquietud en el Ejecutivo pues la Contraloría de Hidalgo precisó que se trata de requerimientos administrativos dentro del proceso ordinario de fiscalización ya que no existe determinación de daño patrimonial ni procedimientos judiciales o de responsabilidad administrativa en curso, en términos llanos se informa en tiempo y tan tan. El resultado final dependerá de la documentación que se entregue y de la claridad con la que se atiendan las observaciones.
Que la reunión sostenida en Palacio de Gobierno entre el Ejecutivo estatal y el Legislativo dejó ver algo más que cortesías institucionales: fue una señal de reacomodo político donde ambos poderes mostraron coordinación directa y una conducción que pretende venderse como visión de Estado, en un momento donde las tensiones partidistas suelen contaminar cualquier diálogo. Se dice que en la mesa se percibió liderazgo compartido y acuerdos sin rodeos, con mensajes implícitos hacia actores internos que observan con cautela esta nueva dinámica de poder.
Que es un formato que intenta proyectar estabilidad y gobernabilidad en tiempos donde la confrontación política suele ser la ruta fácil; el mensaje implícito fue que la interlocución directa puede sustituir los intermediarios y reducir el ruido que tantas veces paraliza decisiones. Nos cuentan que el discurso que flotó en el ambiente fue contundente: cuando existe madurez política, las siglas partidistas pasan a segundo plano; una frase que suena bien en el papel, pero cuya prueba real estará en los hechos.
Que esta frase tendrá su verdadera prueba cuando los intereses electorales comiencen a presionar y los acuerdos deban traducirse en votos dentro del pleno. El reto no está en la fotografía del encuentro ni en los comunicados posteriores, sino en que los consensos se conviertan en resultados tangibles para la ciudadanía, porque en Hidalgo, como en cualquier parte, la política deja de ser narrativa cuando se refleja en obras, leyes funcionales y soluciones concretas a los problemas cotidianos.