Que es revelador que, a diferencia de otros alcaldes metropolitanos que prefieren mirar hacia otro lado, los presidentes de Ocotlán y Poncitlán, Deysi Nallely Ángel Hernández y Arturo Ascencio Gómez, respectivamente, hayan tenido la honestidad de reconocer lo que muchos saben, pero pocos admiten: las descargas ilegales de agua son una realidad en sus municipios.
Que mientras unos ponen el tema sobre la mesa —con distintos niveles de avance—, las autoridades estatales cometen el grave error de no escuchar ni a los científicos ni a las denuncias ciudadanas. El problema histórico de contaminación no admite más omisiones, y resulta inaceptable que, en plena sede mundialista, Antonio Juárez Trueba se niegue a comparecer ante los diputados y las otras autoridades de gobierno se mantengan calladas ante una de las crisis ambientales más apremiantes de la región. Admitir el problema es el primer paso; actuar con voluntad política y recursos es el siguiente. Y ahí hay mucho brillo por su ausencia.
Que la crisis de agua en Guadalajara llegó al Teatro Degollado, ¡durante una función de la filarmónica! El baño de mujeres con un hilito de agua maloliente y el de hombres ¡sin una gota! La gente, indignada, se quedó sin poder lavarse las manos ni usar los servicios básicos. La cultura y la dignidad también requieren agua.
Que el PAN abre candidaturas a ciudadanos populares. Quién sabe si en Movimiento Ciudadano ya se pusieron a analizar cómo podrían pagar el precio. Muchos emecistas vienen del PAN y si no les dan la oportunidad en la cúpula por poner a los cuates, podrían regresar al redil azul siempre y cuando estén bien posicionados. ¿La decisión del PAN es un golpe a la estrategia emeciste? A simple vista pareciera que la decisión desde el PAN nacional podría cambiar el tablero político en Jalisco.