Política

Terror capital

Cuando el poder es absoluto, no hay límites. Con esa seguridad es posible hacer lo que sea. Sin consecuencias. No hay necesidad de esconderse. Ni siquiera cuando cientos de documentos los incriminan, documentales los señalan y víctimas los apuntan. ¿Qué importa? El dinero y las relaciones correctas pesan más que cualquier otra cosa. Lo sabemos, lo vemos y ahora, lo comprobamos.

Cientos de menores abusadas durante años, viajando en aviones privados y compartiendo anécdotas de agresiones como si se tratara de una aventura de fin de semana entre amigos son apenas una parte de las revelaciones del caso de Jeffrey Epstein. 

Sacar a la luz estos archivos responde más a una presión política que a una búsqueda genuina por justicia. Nadie habla de las víctimas, ni de los acusados. Ayer, apenas, fue detenido el ex príncipe Andrew, por tan solo once horas. Sabemos que no hay una celda con el nombre de ninguno de ellos. 

Hay tantos hombres involucrados, y la única persona tras las rejas es una mujer: Ghislaine Maxwell, quien fuera pareja de Epstein, con una condena de 20 años de prisión por tráfico sexual, y que se ha negado a declarar ante el Congreso de Estados Unidos. El silencio, lo sabe, es su mejor aliado.

Los protagonistas de esta historia son personajes que durante décadas se alzaron como ejemplos de moralidad y superación personal. Multimillonarios que se sientan en la mesa grande que hoy duermen tranquilos mientras siguen las filtraciones de correos incriminatorios, fotografías que empiezan a tener contexto y declaraciones pasadas que los condenan ante la opinión pública. Cada correo es más inquietante que el anterior, cada teoría conspiranoica tiene más sentido que antes. Otros implicados corrieron con mejor suerte: sus nombres quedaron cubiertos por franjas negras, decenas de hojas censuradas en su totalidad. Una opacidad que solo despierta más intriga sobre lo que no se quiere decir.

El caso Epstein no solo es escandaloso, es terror capitalista. Es la humanidad a merced del uno por ciento, que puede pagar por vidas para su placer y servicio, sin ninguna consecuencia. Por eso no importa qué se descubra hoy, mañana, pasado… se abre la cartera y ya, no pasa nada. Un cruel recordatorio para el resto de los mortales que, sin importar sus pecados, ellos, al menos, no pagan en la Tierra. 


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Dora Raquel Núñez
  • Dora Raquel Núñez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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