Los días 2, 9 y 16 de diciembre de 2013 aparecieron aquí mis tres primeras colaboraciones. Escribí de Pemex y la CFE. En diversos foros me he sumado a los reclamos de muchos mexicanos por los manejos en esas empresas, con saqueos inmisericordes e ineptitudes pedestres. Regreso hoy a Pemex.
Entre los desafíos de México —por causas endógenas y exógenas— uno realmente grave es el desastre en la petrolera “empresa productiva del Estado”; que no opera como empresa ni es productiva y su quiebra total la convierte en un lastre para el Estado.
Si agregamos el coronavirus, considerado por un amigo mío “catástrofe mundial que va a producir más efectos en la vida económica de los países que en la salud misma, con un posible crecimiento desbordado del desempleo como debió haber ocurrido en la gran depresión”, el futuro de Pemex es desolador, sobre todo si el Presidente mantiene sus caprichos facciosos y su ideología arcaica, acreditadamente falsa y perdedora. Abrazado a las lápidas de “los héroes que nos dieron patria”, y urgido de estar con ellos en la eternidad, necea ante la realidad mundial que muta vertiginosamente por el avance de la ciencia, la tecnología, el cambio climático, microorganismos y mucho más.
No se sorprenda usted que si ya “resolvió para siempre” la pobreza nacional llevando al texto constitucional las dádivas a menesterosos, en el mismo lugar prohíba la entrada al país a todo tipo de gérmenes patógenos. Esa es la marca de la casa: voluntarismo puro, y puro voluntarismo.
Los números en Pemex por los últimos 14 años la ubican como la petrolera más endeudada del mundo: en el sexenio de Calderón su deuda pasó de 30 mil a 60 mil millones; Peña se lo entregó a López Obrador con un pasivo de 106 mil millones de dólares, y la producción del crudo cayó de 3.5 millones de barriles diarios en 2006 a 1.6 en 2018.
Ello no es culpa del actual Presidente, pues heredó una bomba de tiempo; pero, lejos de desactivarla, la ha acelerado a punto de estallar. Al frente puso a un agrónomo tan su amigo como inepto, y solo en el año pasado la empresa perdió 35 mil millones de dólares y bajó más su producción.
La desconfianza en México por decisiones oficiales que van de lo demencial a lo criminal, su confrontación permanente con empresarios e instituciones de aquí y de todo el mundo —más allá de sus faramallas en Palacio— así como el bloqueo a nuevas inversiones en el sector energético hacen inminente la referida catástrofe, que traerá consecuencias en cascada para la vida nacional. Es inminente que las calificadoras internacionales declaren “chatarra” la deuda de esa empresa a la que tanto le debe México.
Claro, la refinería de Dos Bocas va requetebién, para seguir perdiendo… pero no todo está perdido: el Presidente, al besuquear criaturas va matando al coronavirus.