Los medios de comunicación prestan inmenso servicio a la humanidad y a la vez la ametrallan sin pausa ni piedad. Los periodistas tienen hoy menos necesidad de buscar las noticias, pues suelen llegarles en tiempo real desde los confines de la Tierra.
La nueva tecnología permite —e impone— que miles de millones de personas seamos testigos oculares y oyentes, gozosos o dolientes, de lo que sucede en nuestro entorno y en todas partes.
Las imágenes y sonidos, verdaderos o falsos, nos informan, desinforman y, paradójicamente… nos tienen mal comunicados.
Teléfonos, grabadoras, cámaras en postes y fachadas, drones, satélites en el cielo y mil aparatos más espían a todos, nos hacen gozar o sufrir por lo que sucede en el mundo y nos alertan de catástrofes como sismos, tormentas, epidemias, etcétera.
Lamentablemente las noticias que “venden”, lo “periodístico”, lo que “merece” mayor y mejor espacio en radio, televisión y redes suelen ser el crimen, la tragedia, la estulticia, el escándalo y todo acto de barbarie.
Así, lo valioso y servicial para el hombre y la naturaleza en su conjunto es difundido en breve y secundario espacio.
Obras literarias, descubrimientos científicos, inventos tecnológicos, acciones y decisiones de personas y gobiernos sensatamente dirigidas para el bien común y la superación de calamidades pasan inadvertidos para la población y, por tanto, sin su apoyo.
Un caso reciente ilustra lo antes dicho: con el propósito de lograr una TRANSFORMACIÓN PROFUNDA EN LA IMPARTICIÓN DE JUSTICIA EN MÉXICO, la semana pasada iniciaron sus trabajos en el Senado representantes de los tres Poderes de la Unión. Participaron el Pleno de la Suprema Corte, el Consejo de la Judicatura Federal, Magistrados del Tribunal Electoral, el Consejero Jurídico de la Presidencia de la República, el Fiscal General y un grupo de legisladores federales. Investigue usted cuántos ciudadanos supieron o tienen en la memoria ese acontecimiento y, en seguida, cuántos ignoran el culiacanazo.
Ojalá los medios de comunicación le den seguimiento y difusión a los trabajos referidos, que los consideren prioridad entre las prioridades, para que los ciudadanos estemos en alerta y los veamos como la Piedra Angular en la construcción del México que muchos anhelamos, porque nada será más devastador que el Legislativo y el Judicial permitan que el otro Poder se arrogue todo el poder.
Les resulta obligado entender que la procuración e impartición de justicia pasa por dignificar y fortalecer a las policías del país, a procuradurías y fiscalías estatales y a los juzgadores del fuero común. Eso exige, por supuesto, dinero, mucho dinero.
Una pregunta final: ¿PARA CUÁNDO LA TRANSFORMACIÓN PROFUNDA DE LOS OTROS DOS PODERES, DESGRACIADAMENTE REBOSANTES, ANTES Y AHORA, DE INCOMPETENCIA Y CORRUPCIÓN?