El agravamiento de los añejos problemas nacionales nos hace recordar el grito de Pancho Villa a sus huestes en medio de la balacera: “¡Anímense, ca…! que esto se va a poner peor”.
La ineptitud y tropelías del gobierno federal, y su manejo delictuoso de la pandemia hunden al país. Es mentira que se aplanen curvas, que ya pasó lo peor y vamos “requetebién”; a eso se le llama ¡cinismo! Aumentan los enfermos y muertos por el covid-19, los asesinatos del crimen organizado, el desempleo, la pobreza extrema, la corrupción, la impunidad, el desprestigio internacional, la fuga de capitales y muchas calamidades más.
Ni los mentirosos datos oficiales justifican su propaganda.
Como la festinada “Cuarta Transformación” terminará siendo de cuarta, su apuesta es sobrevivir ante el creciente repudio popular persiguiendo selectivamente la corrupción, extorsionando a los que pueden y navegando sobre escándalos políticos para que olvidemos la realidad.
Del caso Lozoya:
1) El “criterio de oportunidad” lo determina el MP sin estar sujeto a control judicial; lo puede otorgar en la fase inicial de la investigación, en la investigación complementaria y antes de la audiencia de juicio. Él determinará si ejerce o no acción penal en contra del susodicho. Hasta hoy la Fiscalía pidió una medida cautelar distinta de la prisión preventiva, sin fianza de por medio y sin reparación del daño. Todo indica que le otorgará ese “criterio”.
2) Escuché a José Cárdenas en su programa radiofónico que, según lo que se sabe, Lozoya tiene complejo de títere. Cierto: éste dijo que lo usaron Peña y Videgaray, y ahora —a la vista de todos— lo usa el gobierno federal.
Alega que delinquió “bajo presión”, y, ahora, lo cierto es que bajo presión delata. Por eso es que el Presidente pide “cuidar al señor Lozoya”. ¡Ajá!
Se prueba, otra vez, que son frágiles esas “lealtades políticas”, pues se sustentan en intereses. Si estos desaparecen, fácilmente viene la traición, porque “es mejor que lloren en su casa y no en la mía”. Abusó del poder, y ahora lo aplasta… y salva otro poder ¡Viva México!
Esa realidad, nada nueva, me ha llevado a responder desde hace 60 años a jóvenes cuando me han pedido un consejo para iniciarse en la vida política: traten a sus adversarios imaginando que un día pueden ser sus aliados; y a sus aliados, pensando que podrán llegar a ser sus adversarios.
Eso los hará actuar derechamente, y las envidias y difamaciones en su contra hasta ahí llegarán. Así vivirán en el rango superior de la política. Traten con afecto a cuantos les sea posible, al margen de banderías y marcando las diferencias. La convivencia en la pluralidad no diluye la propia identidad, porque la responsabilidad personal es intransferible. Así, el cambio será verdadero, no ardid de charlatanes.