Política

¡Dos psiquiatras, por favor!

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¡Vaya que hemos padecido trapacerías, incompetencias y arrogancias presidenciales!, pero jamás había llegado uno que respondiera a víctimas que encarnan el dolor de México (en este caso la familia LeBaron, Javier Sicilia y muchos más) diciendo: “¡qué flojera recibirlos!, tengo que cuidar la investidura presidencial”. Y lo dijo quien la denigra por donde va, al grado de aprovechar uno de sus monólogos mañaneros para señalarnos lo que para él sí es trascendente, ¡créame!: ¡el excusado más sucio de las gasolineras del país!

Peor aún, después de la marcha que iniciaron los referidos dolientes en Cuernavaca, y concluyó a las puertas de Palacio Nacional, reclamando VERDAD, JUSTICIA Y PAZ, no solo se negó a recibirlos, sino que los tildó de “momias, conservadores, hipócritas y corruptos, responsables de la crisis de México”. Y como su ejemplo arrastra, unos porros emulando a su redentor también los injuriaron, al tiempo que gritaban: “es un honor estar con Obrador”.

Esa inaudita felonía no corresponde al presidente de todos los mexicanos; es propia de un hombre enfermo o de un canalla.

Si a ello agregamos el cúmulo de sus violaciones a la Constitución y demás leyes, la destrucción y los ataques a instituciones fundamentales, los despilfarros, obcecaciones y caprichos; su compulsión para mentir y su cachaza al decir que “el pueblo está feliz, feliz, feliz”, no obstante llevar la economía nacional a bajo cero, y acumular más de 35 mil asesinatos en su primer año mientras diseña “cachitos” de lotería, resulta imperativo que dé a conocer el reporte médico sobre su salud, tal como lo ofreció y no ha cumplido.

Muchos mexicanos vemos que su mente define “la realidad” con sus “otros datos”; que su “derecho de réplica” lo entiende como permiso para injuriar, no como oportunidad de responder; que los desastrosos resultados de su gestión (en salud, economía, seguridad, transparencia y muchos más) son culpa de otros, nunca de su gobierno.

Debe quedar claro que el Presidente no goza de cabal salud; que cada vez encontraremos más contradicciones entre su proceder y sus discursos; y que su capacidad para distinguir lo verdadero de lo absurdo es nula.

Lo anterior no es para tomarlo a chunga y hacer memes; tampoco tendrá sentido asumir que la “perversidad” del neoliberalismo se refocila en denigrar al que Porfirio Muñoz Ledo llamó “transfigurado, más allá del poder y la gloria, místico, cruzado, iluminado y un auténtico hijo laico de Dios”.

Y si recordamos que Muñoz Ledo sugirió (aunque sea considerado por los suyos un ingrato) que el Congreso de la Unión cuente con un psiquiatra permanente, no estaría mal tomarle la palabra, solo agregando que uno más trabaje de tiempo completo en Palacio Nacional.

No es tema menor, muchas evidencias se vienen acumulando y son peligrosas. Defendamos a México. 

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Diego Fernández de Cevallos
  • Diego Fernández de Cevallos
  • Abogado y político mexicano, miembro del Partido Acción Nacional, se ha desempeñado como diputado federal, senador de la República y candidato a la Presidencia de México en 1994. / Escribe todos los lunes su columna Sin rodeos
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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