Política

Como aquella recién casada

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Ante la evidencia es ocioso especular. Abatir los rezagos nacionales requiere concordia en la pluralidad, sensatez en las decisiones y esfuerzo colectivo. Más aún si México no tiene Presidente.

Veamos:

1) En la pasada elección presidencial la mayoría de votantes decidió un cambio. Quiso dejar atrás el saqueo y la frivolidad prevalecientes en los distintos órganos de gobierno. Las excepciones habidas demuestran que la verdadera política no es sucia, la pudren los podridos, y además corrompen a la sociedad.

2) 30 millones de electores saltaron por la ventana huyendo de su insoportable realidad: malos gobiernos, violencia, pobreza, corrupción e impunidad. El mesías los acogería amorosamente en el cielo prometido. Para atraparlos bastó la palabra divina: “Por el bien de todos, primero los pobres” … y siendo mayoría el resultado se dio.

A un año de la “epopeya” se advierte que esos 30 millones supieron de dónde salir, pero no imaginaron a dónde habrían de llegar. Por lo pronto, es cierto que el cambio puso por delante a los más pobres … para padecer a un gobierno más soberbio, arbitrario, errático, incompetente y falaz.

3) Con muchos años de lucha, sustentada en hechos reales y en mentiras, insultos y calumnias contra todo el que no le resultara sumiso, atizando día a día el odio y la división entre mexicanos, el luchador social logró que le cruzara el pecho por segunda vez La Banda Presidencial. La primera ocasión fue cuando por sí y ante sí se proclamó “Presidente Legítimo de México”.

4) A un año de su ejercicio (primero de manera fáctica y ahora constitucional) tiene resultados relevantes:

A) Su extraordinaria capacidad para destruir … y va con prisa. No ha de quedar piedra sobre piedra del pasado, porque todo es producto de la corrupción, “que ya se acabó”. Planes y proyectos, obras en construcción o terminadas, instituciones públicas y organismos sociales deben reducirse a cascajo, al costo que sea. Llegó a la presidencia el Atila de huarache.

B) Construir no se le da, salvo para crear una formidable clientela electoral personalísima, intransferible sin su soberana voluntad: millones de pobres —que lo seguirán siendo— agradecidos a perpetuidad con su dador.

Ahora que la violencia aumenta, la economía se precipita, su bono democrático solo puede subsistir persiguiendo a funcionarios del pasado y que el pedestal que lo tiene en alto es de arena, resulta como aquella recién casada que decía: “¡Aquí no me hallo, aquí no me hallo!”, porque venía de la calle, y los que de ahí son, ahí regresan.

Si el PRD y PRI están en terapia intensiva y el PAN será opción cuando se abra a la sociedad, la esperanza de hoy está en los liderazgos de la comunidad y en el Poder Judicial de la Federación que defienden a México del que en la Presidencia “no se halla”.

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Diego Fernández de Cevallos
  • Diego Fernández de Cevallos
  • Abogado y político mexicano, miembro del Partido Acción Nacional, se ha desempeñado como diputado federal, senador de la República y candidato a la Presidencia de México en 1994. / Escribe todos los lunes su columna Sin rodeos
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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