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El nuevo América

André Jardine es un técnico de época. No necesariamente de una época comparable con las grandes dinastías del futbol mexicano como la del ingeniero Javier de la Torre en el Guadalajara o la de Raúl Cárdenas con el Cruz Azul, sino de esta época particular que vive el futbol mexicano: la de los torneos cortos, la inmediatez y la obligación permanente de ganar.

Tres campeonatos consecutivos lo colocaron en un sitio privilegiado dentro de la historia americanista y del balompié de México. Ningún otro entrenador había logrado tanto en tan poco tiempo. El brasileño no sólo levantó trofeos; construyó un equipo dominante, una identidad competitiva y una cultura de triunfo que terminó por convertirlo en el técnico más ganador de ligas en la historia del club más exitoso del país.

Por eso mismo, tras su salida la pregunta rebasa lo estrictamente deportivo. La discusión ya no gira alrededor de si Guillermo Almada puede ser o no una buena apuesta para el banquillo azulcrema. El verdadero debate es otro: ¿quién está tomando hoy las decisiones en el América?

Durante décadas la respuesta era sencilla. El club funcionaba como una extensión de la voluntad de los Emilio Azcárraga. Las decisiones estratégicas, deportivas y administrativas terminaban pasando por una misma oficina. Esa centralización permitió construir una marca poderosa y un equipo que históricamente entendió mejor que nadie el valor de la victoria.

Empero, el escenario cambió con la llegada de General Atlantic. La inversión cercana a los 280 millones de dólares no fue un simple movimiento financiero. Representó la entrada de nuevos actores a una estructura que durante años había operado bajo reglas muy claras. La remodelación del estadio Azteca y los compromisos derivados de la Copa del Mundo de 2026 explican parte de la operación, pero también abrieron la puerta a nuevas formas de gobernanza.

La presencia de ejecutivos como Ferran Reverter dentro de la estructura corporativa del club parece confirmar que el América está transitando hacia un modelo distinto.

Y eso explica por qué la salida de Jardine tiene una lectura mucho más profunda que la simple sustitución de un entrenador. Cuando un club prescinde del técnico más exitoso de su historia reciente, el mensaje inevitablemente apunta hacia los niveles superiores de la organización.

No significa que Azcárraga haya perdido el control. Tampoco que Santiago Baños haya quedado marginado de las decisiones. Ambos continúan siendo piezas fundamentales dentro del organigrama. Lo que parece evidente es que hoy existen más voces alrededor de la mesa donde se decide el futuro americanista. Paradójicamente, Azcárraga Jean tiene más poder de decisión hoy en día en la Federación Mexicana de Futbol y en la Selección Nacional que en su propio club.

En uno de los momentos de mayor influencia de Televisa dentro de las estructuras del futbol mexicano. Mientras su club mantiene un peso específico enorme en la Federación y en múltiples espacios de decisión, hacia adentro comienza a experimentar una redistribución del poder que hasta hace algunos años habría parecido impensable.

El tiempo dirá si este nuevo modelo fortalece al América o termina diluyendo aquello que durante décadas fue una de sus mayores virtudes: el poder omnímodo de su dueño, que a su vez ha sido dueño del balón en México durante más de 60 años.


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David Badillo
  • David Badillo
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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